Las implicaciones de la energía nuclear

Editorial
viernes, 07 de noviembre de 2014 · 21:21
El presidente Evo Morales ha anunciado una de las medidas más polémicas de su gestión. Ha confirmado que el país pondrá en marcha una planta de energía nuclear, que tendrá como objetivo la producción de electricidad además de abarcar temas como avances para la agricultura y medicina. La planta requerirá una inversión de al menos 2.000 millones de dólares y al parecer estará ubicada en el departamento de La Paz.
El Mandatario concretó así uno de los temas sobre el cual hizo varios anuncios y ocurrió poco después de que Corporación Minera de Bolivia anunciara que se confirmó el hallazgo de un yacimiento de uranio en el departamento de Santa Cruz. Las autoridades han señalado que Rusia, Irán, Francia o Argentina serán los países que ayuden en este tema a Bolivia. "El país que tiene el control energético es el país liberado, es el país independiente. La mejor forma de liberarnos también es teniendo una energía nuclear con fines pacíficos”, aseguró el Jefe de Estado. El Gobierno añadió que espera que con este plan Bolivia se convierta en un "centro energético” de la región.
La decisión del Gobierno es peligrosa. La energía nuclear siempre genera polémicas, puesto que un eventual accidente entraña riesgos muy grandes, que además traspasan fronteras. Son varios los ejemplos en ese sentido, siendo el más recordado el de Chernobyl, Ucrania. Un accidente más reciente, el de Fukushima, en Japón, recordó al mundo lo riesgoso que es este tipo de iniciativas.
De hecho, en las Américas, sólo Argentina, Brasil, México y EEUU tienen plantas atómicas con fines de producción de electricidad. Y en el mundo, ese club está compuesto por muy pocas naciones.
La otra arista compleja de este asunto es que los países que producen energía nuclear están bajo sospecha de si su verdadera intención es intentar, con el paso del tiempo, producir armas atómicas, un tema que genera enorme susceptibilidad internacional.
Las razones esgrimidas para crear la planta en Bolivia generan dudas. Se anuncia que se busca desarrollar con ella investigaciones en las áreas agrícola y médica, que son importantes, pero a la vez se afirma que el país debe convertirse en un "centro energético” regional. Y que por ello se producirá electricidad. Esto no tiene mucho sentido. En primer lugar, Bolivia produce gas natural, un energético limpio que se vende a precios elevados a Argentina y Brasil. Segundo, Bolivia no puede ser realmente un "centro energético” puesto que sus dos únicos clientes potenciales son los dos países mencionados, más dos pequeñas economías como la uruguaya y paraguaya. Ningún otro país le compraría energía a Bolivia: Perú, Colombia, Venezuela y Ecuador son naciones productoras de petróleo o gas. Y Chile no cambiará su decisión de no adquirir energía de Bolivia.
También aseguró el Presidente que "el país que tiene el control energético es el país liberado, es el país independiente”. Bueno, Bolivia ya tiene control energético, produce abundante gas natural y también líquidos y un excedente importante de ellos se exporta. Si el Presidente de una nación que no produce energía, como Paraguay o Uruguay, hiciera esa aseveración hasta tendría sentido. Pero no si lo hace el de Bolivia.
Sigamos. Si el país desea convertirse en un "centro energético” entonces debería invertir esos 2.000 millones de dólares anunciados en tareas de exploración para hallar más campos de gas. Toda la infraestructura de operaciones y de exportación ya está lista y ese debería ser el objetivo.  Resolver eso debería estar en el meollo del esfuerzo energético nacional, no en planificar la construcción de reactores nucleares.

Es tan poco sólida la argumentación y tan importantes los peligros, que son ya numerosas la voces de expertos, ambientalistas y ciudadanos en general que se han alzado para oponerse a este proyecto y exigir que este tipo de decisiones sean discutidas con la ciudadanía. Ojalá no se llegue a estos extremos.

La decisión del Gobierno es peligrosa. La energía nuclear genera polémicas, puesto que un eventual accidente entraña riesgos que  traspasan fronteras.

Hallar más campos de gas debería estar en el meollo del esfuerzo energético nacional, no el planificar la construcción de reactores nucleares.

Confidencial

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