La tercera es la vencida

Juan de Dios Fernández
domingo, 30 de noviembre de 2014 · 21:23

Carlos Toranzo en su artículo de opinión "Las hipótesis del desarrollo de 1952”, publicado en Página Siete, el pasado 12 de noviembre, hace un análisis retrospectivo de  las políticas de desarrollo nacional, en especial de la reforma agraria en un periodo de al menos 50 años atrás (1953-2005), y concluye que las políticas públicas desplegadas en ese tiempo  han generado para el agro "un modelo de desarrollo anticampesino, modelo que el actual Gobierno despliega de manera ampliada, favoreciendo además a la burguesía agropecuaria del oriente”.
Coincido con don Carlos, en la primera parte de su análisis, no obstante, difiero n su analogía que asegura que el Gobierno hoy está "implementando también un modelo de desarrollo anticampesino”. Por ello, con todo respeto, creo que su lectura del proceso agrario actual es muy ligera, o, por decirlo de alguna manera -en sus palabras- "es descafeinada”. Para demostrarlo me permito presentar a consideración de los lectores  algunos datos:
Bolivia tiene una superficie de 109,6 millones de hectáreas (MM Ha) y el área sujeta al proceso de saneamiento de tierras es de 106,7 MM Ha; cuando la reforma concluya, el sector empresarial posiblemente consolide alrededor de 15 MM de Ha (hasta la fecha tiene 5,8 MM Ha en propiedad); e indígenas, originarios, campesinos, interculturales, afrobolivianos  y otros pequeños propietarios  poseerán alrededor de 60 MM Ha (de las cuales ya tienen registradas a su favor 41 MM Ha).
Si se comparan estos datos con la vieja Reforma (1953-1996), que consolidó una injusta estructura de tenencia de la tierra, donde el sector empresarial tenía en posesión legal 39,7 MM Ha y las mayorías rurales 17 MM Ha,  se puede observar una diferencia sustancial, porque los empresarios tendrán 24 MM HA menos  y los campesinos e indígenas habrán más que triplicado su propiedad. 
Coincidirán conmigo, amables lectores, que esta nueva estructura de tenencia de la tierra no tiene nada de anticampesina, y de lejos se ve que no se estaría favoreciendo -como señala Toranzo- a la burguesía cruceña.
Empero, una reforma agraria no es sólo cambiar el balance de la propiedad de la tierra entre los sectores sociales involucrados, sino, también, generar un cambio en las estructuras sociales, de productividad y otras que apunten a mejorar condiciones de vida de los beneficiarios y, por supuesto, desarrollo económico.
En este sentido, el Gobierno, a través del Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras, ha venido desarrollando una serie de emprendimientos  para apoyar a los pequeños productores de oriente y occidente, acciones que van desde el seguro agrario, que está beneficiando a los productores de los municipios rurales más pobres del país, hasta los proyectos de tecnificación del agro, producción ecológica, investigación científica y transferencias directas para pequeños emprendimiento de desarrollo productivo.
Iniciativas que han alcanzado singular éxito en algunos casos y donde, por ejemplo, el Banco Mundial planea replicarlas en otros países con campesinos pobres, luego esto tampoco parece anticampesino.
Este proceso ya tiene ocho años en plena marcha, y los resultados presentados muestran que no hay correspondencia con la afirmación de que se esté gestando e implementando políticas que no favorezcan a los campesinos  y creo, honestamente, que  50 años previos de política anticampesina no implica ni es garantía de que la historia se repita.
Finalmente, el 4 y 5 de noviembre, en La Paz, se desarrolló el seminario "Recientes Transformaciones Agrarias en Bolivia”, evento en que el señor Toranzo participó como ponente presentado esta su hipótesis del 52, y comenzó señalando, con sinceridad, que él no era un experto en el tema agrario. En mi descargo debo señalar que yo tampoco lo soy. Entonces, contra la hipótesis de don Carlos sólo puedo argumentar que, formalmente, ésta es nuestra tercera reforma agraria y, con toda esperanza,  le recuerdo ese viejo y popular refrán: "la tercera es la vencida”. 

Juan de Dios Fernández  es coordinador nacional del INRA y estudiante de doctorado en la UNAM

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