Urge planificar la actividad del turismo en Bolivia

Filiberto Montecinos Vendaño
miércoles, 10 de diciembre de 2014 · 20:14
La gran riqueza paisajística y cultural con la que cuenta Bolivia es más que suficiente para convertir al país en un importante destino turístico, extremo que no es debidamente avizorado ni valorado por las autoridades, tanto nacionales como departamentales y municipales, aunque, excepcionalmente, algunas de ellas hagan esfuerzos aislados, teniendo en cuenta que el turismo es una importante fuente de ingreso de divisas que precisa de una política adecuada y de largo aliento.
Muchos países en el mundo basan su economía en los ingresos que perciben por esta actividad y, por ejemplo, Croacia y Cuba, que son grandes receptores de turistas, sin soslayar a los Estados Unidos , España, Francia, Italia e Inglaterra, entre los más importantes, se benefician con la visita de los extranjeros, a los que se les ofrece seguridad, comodidad y excelentes servicios.
Bolivia cuenta con una variedad de climas, costumbres, tradiciones, lenguas originarias aún vivas y un rico folklore, a lo que se suman los más de 33.000 sitios arqueológicos que anunció hace años el INAR, los que no son publicitados debidamente y, menos, son objeto turístico, como Iskanwaya, en el norte de La Paz, o Campo Grande, en la zona de los Yungas paceños, de los que se puede decir que casi se hallan en un abandono total.
El Ministerio de Culturas y Turismo debe convocar a los gobernadores departamentales, alcaldes municipales, responsables de cámaras hoteleras, de transportes, agencias de turísmo, medios de difusión social, directores de las carreras de turismo de las universidades, tanto estatales como privadas, dirigentes de estudiantes que cursan esas carreras, y en lo posible dirigentes cívicos y sindicales de las regiones donde hay sitios turísticos en explotación o en potencia, para encarar la planificación de una política de turismo en forma global y comprometida.
Cuando haya una política de turismo consensuada con las partes involucradas en dicha actividad, lo que impulsará su crecimiento ordenado y evitará, en gran medida, los conflictos sociales, que en los últimos decenios han  perjudicado enormemente al turísmo interno y externo.
El turismo no planificado, además de evitar un flujo considerable de visitantes a un país, ocasiona destrucción, incluso de monumentos de gran valía cultural, cambio de usos y costumbres, pérdida de identidad de los lugareños, elevación de los precios que afecta negativamente a los pobladores de las regiones, que están debajo de la influencia de los centros turísticos y hasta migraciones obligadas de aquellos hacia otras regiones.


Filiberto Montecinos Vendaño es periodista.

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