Crecimiento, equidad y gobernabilidad

Rolando Tellería A.
domingo, 14 de diciembre de 2014 · 20:54

El crecimiento económico y la equidad social -en ese orden- generan siempre condiciones  y factores favorables para la gobernabilidad, entendiendo a esta última como una relación estable, sin sobresaltos y conflictos de alta agregación, entre gobernantes y gobernados.
Las naciones y sociedades donde existe un buen comportamiento de estas variables gozan de interesantes periodos, cuyos resultados se traducen en el continuo mejoramiento de las condiciones y la calidad de vida de sus habitantes.
Precisamente, los países que ocupan los primeros lugares en el Ranking Mundial del Índice de Desarrollo Humano (IDH) han experimentado periodos sostenidos de crecimiento económico con equidad social. Está claro, sin embargo, que sin crecimiento económico es imposible alcanzar equidad social.
Los Estados de la Comunidad Europea, durante varias décadas, tuvieron un interesante equilibrio de esas variables. Empero, cuando una sola de ellas, el crecimiento, tuvo índices  negativos, el resultado fue catastrófico, afectando la calidad de la democracia y la gobernabilidad.
En una buena parte de las naciones de Europa  se muestran indicadores que reflejan una terrible desigualdad. En palabras del esclarecido sociólogo polaco Zygmunt Bauman, profesor de la London School of Economics, la falta de crecimiento y la crisis económica, estuvieran haciendo desaparecer a las clases medias.
En algunos países de  América Latina, el crecimiento económico, experimentado en la última década,  posibilitó importantes grados de estabilidad política. Permitió, también, la reproducción en el poder de los llamados regímenes  "democrático-populistas”, apelativo frecuentemente utilizado para referirse al estilo de gobierno que imprimen Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia, sin olvidarnos, claro, del extinto Hugo Chávez, en Venezuela.
El presidente Morales se alista para su tercera gestión consecutiva, en virtud a su último triunfo con el 61,36%. Gran parte del caudal electoral obtenido se debe, sin duda, al extraordinario comportamiento de la economía, precisamente, de los últimos nueve años. Hay señales empero, del comienzo del fin del ciclo, con la abrupta reducción del precio del barril del petróleo en el mercado internacional.
Este crecimiento económico sin precedentes, impulsado más por variables exógenas, ha permitido a Morales implementar políticas redistributivas, entre las que se destacan los bonos  Renta Dignidad,  Juancito Pinto y Juana Azurdy, cuyos resultados preliminares dan cuenta de su incidencia en la disminución de las desigualdades y   la reducción de la pobreza extrema, que se redujo del 34,7%, en 2005, al 18,7 % en 2013.
Sin embargo, en el Ranking del IDH, apenas subimos dos puestos, del 108 al 106. Esto quiere decir que, si bien se ha reducido la pobreza extrema, aún tenemos un buen porcentaje de bolivianos en el umbral de la pobreza, con precarios trabajos, sin servicios básicos, sin acceso a la salud y educación.
Se puede inferir, por lo tanto, que las políticas implementadas no han tenido resultados en cuanto a una mejora sustancial de la calidad de vida. Los bonos, desde ningún punto de vista, son sostenibles, pues dependen, en sumo grado, del comportamiento de los precios de nuestras materias primas, cuyo descenso debe preocupar a todos los bolivianos. En promedio, el año 2015, los ingresos de nuestro país, se reducirían en un 40%. 
Como ya se anunció desde algunos ministerios, para mantener el ritmo de crecimiento superior al 5%, se apelará a las Reservas Internacionales Netas. Anunciaron también recurrir a los fondos IDH no ejecutados por los municipios y gobernaciones, que se encuentran en Caja Bancos.
Es posible, con estos mecanismos, garantizar el ritmo de crecimiento de la economía boliviana en  2015. Empero, no es sostenible en el tiempo. Para garantizar crecimiento, equidad y gobernabilidad, es necesario reorientar el comportamiento de nuestra economía, integrando a amplios sectores de la población en el sistema productivo. Esto se logra sólo con industrialización y diversificación productiva, siendo además el único camino para compatibilizar crecimiento y equidad.

Rolando Tellería A. es profesor de la carrera de Ciencia Política de la Universidad Mayor de San Simón

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