El legado de Chespirito

Editorial
lunes, 1 de diciembre de 2014 · 20:38
México y América Latina lloran la muerte del comediante Roberto Gómez Bolaños,  Chespirito, creador de entrañables personajes de televisión como el Chavo del 8, el Chapulín Colorado y el Doctor Chapatín.  Miles de personas lo despidieron en el estadio Azteca, el más importante de la capital mexicana, antes de que fuera enterrado ante muestras de afecto y admiración de autoridades artistas y políticos de diversos países.
Gómez Bolaños tuvo una carrera de más de 50 años, en la que sus personajes se hicieron famosos primero en México y luego en todo el continente, con versiones traducidas también al portugués.
Su legado es enorme porque generaciones de latinoamericanos vivieron su infancia y juventud (y también adultez) gozando con el humor irónico, a veces simplón, pero siempre tierno de este genial actor, dramaturgo, director y productor.
¿Por qué tuvo tanto éxito? se han preguntado legos y especialistas en estos días después de su fallecimiento, ocurrido el viernes. Las explicaciones son múltiples, pero en general se puede decir que Gómez Bolaños intentó un humor ingenuo, alejado de la violencia y la grosería de tipo sexual, que encarnaban personajes comunes y corrientes, tomados de la realidad a las clases media y baja de México y que tanto parecido tienen con las del resto de la región.
En general los programas que ideaba tendían al diálogo social que superara diferencias económicas y de otro tipo. En la vecindad del Chavo del 8, su show más conocido, los personajes terminaban conviviendo con armonía, pese a las tensiones que se presentaban debido a la  presencia de jerarquías sociales. Y el niño pobre, tanto que no tenía una casa para vivir, el Chavo, era el centro de la historia y de los afectos del resto.
Y el Chapulín Colorado, otro de sus personajes más famosos, se caracterizaba por tener muchos defectos, incluso ser miedoso, algo muy extraño para un superhéroe. Gómez Bolaños creó un antídoto extraordinario para los siempre perfectos y deshumanizados superhéroes norteamericanos. El Chapulín era poco varonil y sagaz, pero compensaba ello con su humanidad y su deseo de hacer el bien. Y aunque golpeaba a sus adversarios con el chipote chillón, su arma favorita, ésta no podía hacer daño severo debido a que estaba solo llena de aire y era de plástico.

 Chespirito  -conocido irónicamente como el Shakespeare mexicano- además de actor y productor, fue el creador de mundos de ficción, con personajes claramente identificables y frases que han ingresado al léxico latinoamericano y posiblemente se queden en él para siempre. Paz en su tumba.

Generaciones de latinoamericanos vivieron su infancia y juventud (también adultez) gozando con el humor irónico, a veces simplón pero tierno.

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