Cusi como víctima del poder

jueves, 25 de diciembre de 2014 · 19:52
No es para sorprenderse. En un país donde -a pesar de la tan maltraída Ley contra el Racismo y todo tipo de Discriminación y otras- la estigmatización es arma política, electoral y hasta norma de convivencia diaria, vulnerar los derechos del otro no pasa de ser un asunto incómodo. De sanciones (incluso morales), se conoce bien poco. De amenazas (sobre todo cuando el oponente es poderoso), mucho.
Gualberto Cusi no ha sido un personaje cómodo. Ni para el poder, ni para el mismo. Desde que incursionara como magistrado del Tribunal Constitucional en el escenario público, cuando todavía se decía afín al MAS, Cusi decidió romper lo convencional y, como se sabe, esto es algo que no agrada a ningún sistema de gobierno ni partido político.
Tan pronto como empezó su trabajo como magistrado, creó polémica cuando ratificó ante los legisladores que la lectura de la hoja milenaria le ayuda a decidir en las sentencias judiciales. Se pidió que el magistrado  demuestre el método o ritual  que usa para resolver las causas o fallos que ingresan al Tribunal Constitucional (TCP). Ya entonces, Cusi señaló que la pregunta representaba un acto discriminatorio a su persona y a  la hoja de coca.
 Posteriormente, y ése fue el punto decisivo en su carrera, Cusi  fue uno de los magistrados que votó en contra de la reelección del presidente Evo Morales, avalada por el TCP.
Desde entonces, fue crítico con el trabajo de la justicia y del propio Tribunal Constitucional, justamente cuando éste atravesaba su peor crisis. "La justicia ancestral, hoy conocida como indígena, originario y campesina, resuelve eficientemente los problemas, de forma colectiva”, dijo Cusi y remarcó que la justicia estatal no logra resolver los problemas como la retardación de justicia.
Finalmente, y en su última acción antes de ser suspendido y sometido a juicio, dispuso la suspensión de la Ley del Notariado Plurinacional. Esto provocó una dura reacción de las autoridades nacionales, especialmente  del Vicepresidente. Acto seguido, la Cámara de Diputados aprobó la proposición acusatoria contra el magistrado. En esa oportunidad, legisladores opositores criticaron que la sesión no contó con la presencia del acusado ni se permitió hablar al abogado defensor.
En todo el proceso, Cusi presentó sucesivamente problemas de salud, lo que no impidió que fuera obligado a comparecer, en largas sesiones, antes los tribunales. Con todo, la estocada final llegó del propio ministro de Salud, Juan Carlos Calvimontes, quien en plena vulneración de la Ley 3729, para proteger la identidad y asegurar la atención de las personas con VIH Sida, promulgada en 2007 por el propio presidente Evo Morales, reveló en conferencia de prensa que el magistrado padecía la mencionada enfermedad.
Hasta aquí el recuento de lo que parece ser un proceso de hostigamiento, cuando no de persecución de una autoridad democráticamente elegida, principalmente por no actuar ni opinar en la línea de verticalidad que suele pretender el Gobierno. Cusi, decíamos, no ha sido un personaje cómodo para nadie (ni para el TCP, ni para el Estado, ni para sí mismo, pues expuso su salud y privacidad de forma clara), pero ninguno de estos aspectos debiera ameritar la decisión de estigmatización y discriminación que se ha operado claramente en su contra.
Lejos de sancionar o destituir a una autoridad que -sin lugar a dudas- vulnera una ley (justamente, además, en uno de los temas en los que este gobierno se considera abanderado: la discriminación), las principales autoridades, el Presidente y el Vicepresidente, lo han justificado y hasta encomendado a "salvar la vida” de su víctima (Cusi).
Al parecer, la lealtad y oportunidad política del ministro Calvimontes pesan más que su condición de ser humano y profesional. De otro modo, no se entiende que habiendo violado uno de los principios más importantes de su profesión (el secreto hipocrático), sólo merezca sanción ciudadana, pero premios políticos...

 Pero, ninguno de estos aspectos debiera ameritar la decisión de estigmatización y discriminación que se ha operado claramente en su contra.

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