Urupesa urbana

Descontrol por un Control Remoto

Maggy Talavera
miércoles, 16 de abril de 2014 · 20:19
Hay que ver la reacción que provocó en el Gobierno la publicación de Control Remoto, el libro en el que Raúl Peñaranda confirma la compra de medios de comunicación por parte de allegados a la cúpula del MAS, que operan como medios paraestatales. Es decir, actúan como medios gubernamentales, aunque son privados y no públicos.
Lo de la compra era un secreto a voces, aunque al menos en un caso da para hablar más de una especie de confiscación. Lo novedoso, en todo caso, es la constatación de que la línea de esos medios es definida desde la Vicepresidencia.
Este último elemento, mucho más que el dato de quién es el que figura como dueño de esos medios (hasta hace poco un misterio), es el que parece haber sacado de quicio al Gobierno. Tanto, que no tuvo idea más "brillante” que usar a su ministra de Comunicación para atacar al mensajero, en un desesperado intento por esquivar el impacto del mensaje.
Una pena por la ministra, antes periodista, a la que a partir de ahora recordaremos como feroz xenófoba, ya que, contrariando a la Constitución  y la Ley contra el Racismo y la Discriminación, acusó a Peñaranda de ¡ser chileno! Del tema del libro, nada.
Podríamos decir que son gajes del oficio, que la verdad siempre incomoda al poder, lo que es cierto.
Pero lo sucedido con Peñaranda va más allá de un simple malestar en las esferas gubernamentales. La reacción de la ministra no es fruto de un sentir personal, sino resultado de una expresa manifestación de intolerancia ante la publicación de una o más verdades que el Gobierno quisiera mantener ocultas, en la que vuelve a quedar en evidencia el carácter autoritario y nada democrático de sus miembros. Tanto, que no han tenido escrúpulos de usar abiertamente armas innobles, como la xenofobia y la violencia verbal, además de otras veladas formas de presión, como la ejercida sobre la editorial que iba a imprimir el libro y que desistió a última hora.
Esa reacción torpe del Gobierno, lejos de frenar la publicación, sólo ha servido para despertar más interés ciudadano en lo que Peñaranda decidió investigar y contar. Tanto que agotó su primera edición de 500 ejemplares la misma noche en la que presentó el libro en La Paz (no tengo registro en mi memoria de algo similar en los últimos años).
Pero ha servido para comprobar muchas otras cosas más. Una de ellas, la necesidad de información que tiene la ciudadanía; tanta, que es capaz de romper la barrera del miedo para conseguirla. La otra ya está sobradamente demostrada: el Gobierno hará lo imposible para evitar que eso suceda. Si lo logra o no dependerá, ya no sólo de su poder, sino de la voluntad ciudadana de no permitirlo.
No es que yo crea que la historia de las libertades de prensa y de expresión tienen un antes y un después a partir del libro de Peñaranda, pero no tengo dudas de que ya está marcando un hito importante en la añeja lucha por preservar esas libertades, que hoy están tan amenazadas, como ya lo estuvieron en los regímenes de facto. No lo digo sólo por lo sucedido con Control Remoto, sino por otros hechos tan o más graves ya registrados antes, entre los que figuran los atentados sufridos por periodistas y medios de comunicación en el ejercicio de su trabajo, así como las violaciones padecidas por opositores e incluso militantes y exfuncionarios del propio Gobierno.
Son hechos a tomar en cuenta, sobre todo en este año electoral  en el que la calidad de la información es vital para mantener a la población adecuada y oportunamente informada. Una tarea cada vez más complicada, si consideramos el aumento de esos medios paraestatales señalados por Peñaranda; pero, a la vez, más libre si miramos sobre todo hacia los medios no tradicionales, que han encontrado un espacio valioso en las redes sociales.

Maggy Talavera es periodista y directora de SemanarioUno.

  Son hechos a tomar en cuenta, sobre todo en este año electoral, en el que la calidad de la información es vital.

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