Bajo la sombra del olivo

Se busca psicoanalista para tratamiento colectivo

Ilya Fortún
miércoles, 7 de mayo de 2014 · 21:00
En cualquier lugar del mundo que se precie de "moderno” y "civilizado” (y que sobre todo sea distinto a todo lo que se parezca al Kollasuyo), el alcalde Percy Fernández habría sido destituido de su cargo a causa del despreciable incidente protagonizado con una periodista en un acto público. No solamente se habría visto obligado a renunciar, sino que lo más probable es que lo hubieran metido preso, y de seguro quedaría marcado de por vida con el estigma de la condena social.
Por mucho menos de lo que este pintoresco personaje hizo  han caído figuras de renombre mundial, de manera fulminante y sin derecho a pataleo. Ojo que esto no quiere decir que uno esté de acuerdo con la crucifixión sumaria de funcionarios públicos o personalidades, en nombre de la doble moral anglosajona, ni mucho menos; igual que a usted, a mí me enferma la moralina gringa expresada en la exigencia de comportamiento puritano de sus celebridades y autoridades, en la apariencia pública, cuando en lo privado todos se revuelcan felices en una sociedad de moral bastante laxa.
Pero el caso del alcalde de Santa Cruz trasciende todos los límites de lo permisible e inclusive de lo imaginable; en apariencia se trata del problema de un cerdo libidinoso que, con los años, ha perdido la capacidad de controlar sus instintos más primitivos, pero en realidad el problema es mucho más grave que eso.
El problema tampoco es, aunque cueste creerlo, que la ciudad de Santa Cruz se está cayendo a pedacitos como producto, entre otras cosas, de una pésima gestión municipal que no ha podido resolver los problemas básicos de una urbe que nunca termina de crecer.
El problema ni siquiera es que ciertos grupos de poder apoyen y sostengan a esa caricatura de líder, convirtiéndolo en una grotesca marioneta; mal que mal, Percy es de alguna manera el eje de los intereses económicos que viven a costa de las anacrónicas obras de la Alcaldía. Como tampoco es el problema la instrumentalización que hace el MAS del alcalde cruceño, en la medida en que le resulta muy cómodo tener como aliado a un díscolo que aglutina los  intereses y apetitos de la sometida élite cruceña.
El verdadero problema, y ¡carajo, menudo problema!, es el hecho de que ese mamarracho que tiene a Santa Cruz hecha una porquería, cuente con la simpatía, el apoyo y la complicidad de la gran mayoría de los cruceños.
No vayan a pensar los amigos cruceños que me las estoy dando de muy superior; en La Paz también tuvimos en alguna época alcaldes igual de impresentables, pero con la diferencia de que por lo menos se nos caía la cara de vergüenza. Lo grave y lo realmente espantoso  es que los cruceños se vean bien representados por Percy Fernández  y estén convencidos de que es lo que se merecen, pese a estar conscientes de que su gestión como alcalde es una pena.
Como le gusta decir a nuestro Presidente: "No se puede creer”. Visto el tema con la frialdad de la distancia, parecería que los cruceños necesitan un psicoanálisis colectivo que desentrañe las torcidas razones que podrían tener para admirar a un tipo que sería motivo de vergüenza hasta en el último confín del mundo, pero que además les afana su plata y los condena todos los días a sufrir una ciudad invivible.
Así de grande debe de ser el peso del provincianismo que todavía arrastra Santa Cruz, detrás de esa imagen de aparente modernidad y progreso. Provincianismo traducido en machismo, paternalismo y una larga colección de taras que ya ni quiero enumerar para que no me digan que soy anticruceño, pues coincidirá usted conmigo en que solamente hace falta el sentido común para quedar alucinado ante tal alcalde y el amor que le profesan sus sacrificados ciudadanos.

Ilya Fortún es comunicador social.

  En apariencia setrata del problema de un cerdo libidinoso que, con los años, ha perdido la capacidad de controlar sus instintos más primitivos

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