Las verdaderas fuentes del crecimiento económico boliviano

Omar Rilver Velasco Portillo
jueves, 25 de septiembre de 2014 · 21:07
El Producto Interno Bruto (PIB) creció en los últimos nueve años a una tasa promedio de 5%, un ritmo que resulta insólito por lo prolongado y sostenido de su expansión, lo que puso a Bolivia como una de las pocas economías de la región que  sorteó de mejor manera la crisis financiera internacional, posicionándose como uno de los países de mayor crecimiento latinoamericano.
Empero,  este destacado rendimiento económico no logra seducir a los teóricos de la derecha liberal del país, quienes se obstinan en sostener una falaz hipótesis: el crecimiento fue inducido desde afuera, por la cual –aseguran- la expansión económica es meramente resultado del sector hidrocarburos y de la bonanza de los precios internacionales, que llegaron a Bolivia como "maná” caído del cielo.  
Y como toda lluvia de verano se agota pasada su estación, pronostican que las dádivas externas comenzarían a extinguirse y entonces se revertirían los resultados alcanzados.
En este contexto, valdría la pena desmenuzar cuáles han sido las fuentes del crecimiento económico boliviano de los últimos nueve años para desmitificar estas proféticas interpretaciones.
Un primer factor que indica por qué unos países crecen más que otros se encuentra  en la capacidad de crear ahorro doméstico. Hasta 2005 el ahorro nacional era escaso y altamente concentrado en algunas empresas transnacionales, que repatriaban sus utilidades al exterior.
El sector público, altamente deficitario y sobreendeudado, absorbía una buena parte del menudo ahorro privado que generaban los aportes al sistema de pensiones de Capitalización Individual, que fue vendido como una modalidad creativa para elevar el ahorro nacional, pero terminó como  fuente financiera para los gobiernos de entonces.
En cambio, desde 2006, el sector público presentó, en promedio, hasta 2013, un superávit de 3% del PIB, elevando la tasa de ahorro nacional de 19,9% del PIB (de 2005) a 25,8%, en promedio, entre 2006 y 2013.
Esta mejora en la posición fiscal se debió a varios factores. La nacionalización de los hidrocarburos generó el primer impulso de ingresos para corregir las raquíticas cuentas fiscales que dejaron gestiones de gobierno anteriores.
Ésta fue acompañada con una política austera en el gasto corriente, lo que dio oxígeno a los pulmones del Tesoro General de la Nación. Pero estas medidas sólo fueron el principio.
Fruto del mayor estímulo a la demanda agregada, que apuntaló el crecimiento en años siguientes a la nacionalización,  fue la recaudación proveniente de Impuestos Nacionales, que se incrementó en un  200%, entre 2006 y 2013, más del doble de lo que se generó en igual periodo  entre 1998 y 2005 de 95%.
Los ingresos aduaneros también crecieron en 2013 el doble de la gestión 2006; en cambio, durante el periodo 1998 y 2005, el incremento apenas fue del 8,9%. Otro determinante del crecimiento es la inversión, cuya tasa (en porcentaje del PIB) pasó de 14,3% a 19,3%, entre 2005 y 2013.
En el Estado neoliberal la inversión pública estaba relegada a sectores tradicionales y era altamente dependiente del financiamiento externo. Por esta razón, entre el periodo 1998 y 2005  apenas se invirtió 4.500 millones de dólares; mientras que  entre 2006 y 2013  llegó a 15.056 millones de dólares. La tasa de inversión privada pasó de 6,9% de 2005 a 8,1% del PIB en 2013, denotando que las empresas privadas también participaron y se beneficiaron de la expansión económica.
Descomponiendo el crecimiento por sector económico, se encuentra que la incidencia del sector de hidrocarburos en el crecimiento global, del 5% antes señalado, es hoy del 0,37%, lo que quiere decir que este sector apenas explica 7,4% del crecimiento entre 2006 y 2013.
Si a eso se suma minería y soya (que representa más del 80% de las exportaciones), la incidencia subiría a 16,7%. El restante 80% o más provienen de la dinámica interna que tienen la manufactura, servicios financieros, transporte, etcétera.
Por tanto, el modelo neoliberal, dependiente de ahorro externo, que no le dio importancia a la inversión pública ni a la demanda interna, no logró generar un crecimiento sostenido, ya que sus débiles fundamentos lo condicionaban.
En cambio el modelo de crecimiento actual goza de una estabilidad, pues no depende del bueno contexto internacional, como se quiere hacer pensar. El caso es que los precios internacionales han caído desde 2011 y el crecimiento económico se mantiene sólido, por lo cual las previsiones neoliberales no se cumplirán y deberán volver sobre sus propias teorías para tratar de entender las verdaderas fuentes del crecimiento económico boliviano.


Omar Rilver Velasco Portillo es economista.

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