Cartuchos de harina

H.C.F. Mansilla y el indianismo dormido

Gonzalo Mendieta Romero
viernes, 5 de septiembre de 2014 · 20:27
En una sala atiborrada del MUSEF, H.C.F. Mansilla presentó el libro Una mirada crítica sobre el indianismo y la descolonización (Rincón Ediciones 2014), sobre la obra de Franz Tamayo y Fausto Reinaga. Con ese libro, H.C.F. va a contrapelo de la amnesia prevaleciente. Ya nadie rememora las tensiones indígenas de hace poco -un lustro o dos-. Más bien, como quien apuesta al exorcismo, hay quienes se consuelan, esperanzados en que el último censo haya acabado con la "pesadilla” indianista.
La presentación de un libro no es estadística, pero el texto de H.C.F.  -prontamente reseñado en publicaciones serias de reflexión indígena, como el periódico Pukara- revela que el atractivo político del indianismo pervive, sin que el MAS lo exprese acabadamente, ni de lejos.
No será raro que cuando la potencia del MAS decline, veamos un indianismo al que no le basten las muestras simbólicas de afecto reinantes. El indianismo no es una veleidad que el MAS haya curado con ceremonias ornamentales e interesados "beneficios” para las organizaciones "campesinas” y originarias. Aunque se haya mejorado en el trato a los indígenas también por obra del MAS, el país deberá hacer más que prodigar prebendas para articular de una forma auténtica los legados sociales que trae consigo.
Por si se lo dudara, H.C.F. Mansilla no es un teórico indianista, pero la presentación de su libro concitó a una mayoría afín al indianismo. Las preguntas alentadas por un acartonado maestro de ceremonias lo evidenciaron (por esa inclinación a convertir una pregunta en una interminable y descuajeringada ponencia). H.C.F. se permitió en ese evento un lujo exótico en el país: gozar del respeto de aquellos a los cuales critica. Y es que su libro porta un subtexto que los indianistas detectaron ágilmente: es un certificado de que la importancia actual del pensamiento indianista local excede a sus cultores (genuinos y aprovechados).
En su libro, H.C.F. rastrea las motivaciones del indianismo. Algunas de éstas son parte de una difusa pero notoria psicología nacional. Por ejemplo, a decir de H.C.F., la vitalidad política de asociar hechos (i.e.: las injusticas sufridas por los indígenas) y emociones (la sed de reconocimiento indígena), con una teoría justificadora (el indianismo o lo que ocurre con el nacionalismo, que es parecido) que los ensamble.
En esa pesquisa, Mansilla devela los agravios que el indianismo destila -como síntoma de debilidad y de frustración, por el desdén que la sociedad boliviana ha dispensado a los indígenas- y los mecanismos de compensación (fuerzas) que esos sufrimientos suscitan.
De ahí que con unas dosis de mensajes igualitarios, sea sencillo "convocar a multitudes ya prestas para la indignación” -como las indígenas- y armar gobiernos que combinan rasgos oligárquicos -al ser dirigidos por una pequeña y poderosa élite-, con elementos democráticos en sentido aristotélico. Esa élite tiene la necesidad de pactar con factores que aglutinen al "pueblo”, como las organizaciones sociales.
Para H.C.F., el indianismo es el endulzante que permite digerir un proyecto modernizador de finalidad análoga a la del proyecto liberal, que era su variante sin anestesia. Lo corroboran la tecnofilia de la sociedad boliviana -que baña a los indígenas igual que al criollo más occidentalizado (¿quién rechaza un IPhone?)- y un Gobierno de indigenismo descafeinado, encariñado con los satélites y las computadoras.
Como ven, Mansilla no esboza sólo buenas nuevas para el indianismo. H.C.F. insiste en que ideologías como el indianismo sirven para evadir verdades lacerantes y para evitar la autocrítica. Como buena parte de los indígenas son afectados por la globalización, pues la educación boliviana no les da instrumentos para lidiar con ella, es natural que surjan mecanismos ideológicos compensatorios. Y así, Mansilla deja a los indianistas la responsabilidad de responder si es cierto que, en su perjuicio, están más atados a la opresión sufrida, que a las potencialidades del porvenir indígena.


Gonzalo Mendieta Romero

es abogado.

  Deja a los  indianistas la responsabilidad de responder si es cierto que, en su perjuicio, están más atados a la opresión sufrida.

 

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