La inversión extranjera directa y las economías emergentes

María Elena Ortega Echenique
jueves, 1 de enero de 2015 · 20:48
Muchas personas de los países industrializados piensan que con la globalización de las economías estos países están trasladando sus empresas, capitales, mano de obra y hasta empleos al Tercer Mundo y, sobre todo, a las economías llamadas emergentes, estos factores  que son parte de la riqueza que les pertenece a las grandes economías industrializadas.
En mi opinión esto no debería verse como algo negativo para estas economías, sino, al contrario, debería verse como algo muy positivo, ya que permite la expansión de sus empresas grandes, medianas y sobre todo transnacionales a países atractivos como los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), donde dichas empresas realizan un aporte, no sólo de tecnología de punta y capitales, sino de mano de obra calificada.
Así, permiten producir bienes y servicios con precios más bajos que llegan a personas que antes no tenían acceso a estos productos, ganando nuevos mercados en las economías emergentes, mejorando las condiciones de vida de un mayor número de personas en las economías emergentes gracias a la generación de nuevos empleos.
Esto se conoce como inversión extranjera directa, la cual entre sus beneficios tiene la de introducir a nuevas familias de la clase pobre y marginada a los mercados.     
Es por esto que países como los Tigres del Asia, que también son economías emergentes, subieron su ingreso per cápita en 20 o 30 veces y se transformaron, en el lapso de 40 años, en países más avanzados, mejorando la calidad de vida de toda su población.
No olvidemos que en el mundo existen más de 4.000 millones de personas que esperan ser introducidas a una economía de mercado y que países más rezagados, como Bolivia, pueden resultar enormemente atractivos a la inversión extranjera directa masiva, sobre todo bancaria, proveniente tanto del mundo desarrollado como de los países en desarrollo más avanzados.
Como bolivianos debemos atraer tecnología de última generación y de punta, capitales masivos y mano de obra calificada extranjera de manera masiva y fusionarlas con nuestras empresas pequeñas, medianas y grandes, y hasta nuestras microempresas o asociaciones de microempresarios para hacer crecer nuestra economía y aumentar la calidad de vida de todos los bolivianos, sin miedo a la competencia.

María Elena Ortega Echenique
es economista.

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