Textura violeta

La revolución pendiente

Drina Ergueta
lunes, 26 de enero de 2015 · 19:30
Se ha iniciado una tercera gestión del Gobierno y al mirar hacia atrás, en diez años, se nota que hubo cambios significativos en el país, no se pueden negar, y algunos de ellos son definitivos; sin embargo, al menos hay un tema pendiente, sobre el que algún esfuerzo se hizo pero que permanece enraizado en costumbres y formas de pensar, y que representativamente afloran cada vez que el presidente Evo Morales hace una declaración.
Constantemente se escucha en los discursos de personas próximas o del Gobierno que en Bolivia hubo un cambio revolucionario pacífico y democrático, que a través del voto fue posible modificar un sistema económico y social que ha incorporado a sectores sociales excluidos históricamente: a pueblos indígenas.
Además se lograron resultados importantes en lo que se refiere a reducción de pobreza extrema, crecimiento de la clase media, eliminación del analfabetismo, crecimiento del PIB, de las reservas internacionales netas, de las exportaciones y del consumo de leche, entre otros importantes indicadores económicos y sociales reconocidos por organizaciones internacionales.
Quien critica, que suele hacerlo desde una posición política contraria o desde una clase ahora desfavorecida, concentra su atención en los casos de corrupción que salieron a luz y en las actitudes egocéntricas y caudillistas de quienes gobiernan.
Más adelante, es posible que la economía caiga, que los indicadores muestren números rojos, que vuelva a crecer la pobreza, que otra vez haya gente que no va a la escuela; sin embargo, ya será muy difícil que el espacio ganado por las personas originarias, el cholerío, los llokallas y las birlochas, sea nuevamente perdido y que retornen a la situación desfavorecida de inicio.
Hace unos años era imposible pensar en que se realice un mega apthapi de protesta contra las actitudes clasistas/racistas de una zona jailona, a donde llegaba la indiada a servir y no a participar del disfrute de momentos de ocio con sus pasankallas y mandarinas.
El hacer evidente el racismo y combatirlo es uno de los logros de los últimos diez años de gestión de gobierno, las personas ya tienen incorporado el concepto, ya no es posible expresar o tener actitudes racistas sin tener una respuesta de rechazo social, sin verse evidenciadas, señaladas y moralmente cuestionadas.
Es una revolución, sin duda. Sin embargo, entre la población jailona, la clase media, la gente de origen indígena o europea, en la izquierda y en la derecha, en el masismo y su socialismo descolonizado, en la intelectualidad y en los grupos de danza folklórica, en donde se mire, recorre de manera transversal otra exclusión histórica: la de las mujeres.
Se han dado pasos a favor de las mujeres, sí. Especialmente se ha trabajado en sentar las bases legales para reducir y sancionar la violencia contra las mujeres; sin embargo, si pasáramos estas medidas a la población originaria, sería como haber prohibido maltratar o golpear a indígenas e incrementar las sanciones a quienes lo hicieren, mientras de manera no violenta se sigue ninguneando, bajoneando y menospreciando públicamente a las personas por sus características raciales.
Se ha logrado la paridad parlamentaria y, como presencia pública de las mujeres, es algo a resaltar; sin embargo, falta garantizar que sea efectiva, con poder paritario real y con conciencia de género. Es como tener indígenas en el Parlamento para que se vea diverso, pero sin permitirles decidir porque, en el mejor de los casos, se cree que son como menores de edad y hay que tutelar.
Está pendiente otra revolución, una otra alfabetización que cambie estructuras sociales profundas, que reconstruya el sistema de relaciones sociales a nivel público y que repercuta en lo privado, en el día a día, en lo cotidiano: la revolución de género.
Cuando esto ocurra, a nuestro Presidente, y a millones como él pero que no salen en los medios, no le saldrá por la boca de manera natural y, seguramente, sin pretender ofender expresiones machistas.

Drina Ergueta es periodista.

En tiempos de cuarentena y restricciones usted necesita estar bien informado. Por eso, Página Siete pone temporalmente a su disposición de forma gratuita, nuestra edición de papel en versión digital. Para verla haga clic aquí.

Este servicio, con contenidos especiales y enfoques propios de las principales noticias del día, será parte de la App que lanzaremos próximamente. 

Valorar noticia

Comentarios

Otras Noticias