Otras palabras

La dimensión simbólica del Gobierno de Evo Morales

Fernanda Wanderley
miércoles, 28 de enero de 2015 · 22:04
Con el apoyo de más del 60% de los votos, Evo Morales inauguró su tercer mandato en actos formales con fuertes mensajes simbólicos. La identidad indígena y popular de Bolivia estuvo en el centro de los mismos. Las imágenes de las ceremonias en Tiwanaku y posteriormente en el Congreso Nacional, con indígenas, campesinos, mineros y trabajadores ocupando la primera plana del escenario, hablaron por sí solas sobre los cambios en las estructuras simbólicas y políticas que se está viviendo en el país.
La minuciosa preparación de las ceremonias y, especialmente de los discursos del Presidente y del Vicepresidente, fue una de las novedades que no pasó desapercibida por los analistas políticos. Además de la brevedad, el escaso espacio para las improvisaciones fue sorprendente.
Para comprender la complejidad política del país es importante analizar los discursos oficiales en dos registros. Primero, se refiere a la veracidad de las políticas y prácticas gubernamentales en relación a los compromisos y discursos políticos. A esta dimensión dediqué mucho tiempo y energía en los últimos años, y los resultados están registrados en mi libro ¿Qué pasó con el proceso de cambio en Bolivia? Ideales acertados, medios equivocados y resultados trastocados. En esta línea mucho se puede decir sobre lo que no fue dicho por el Presidente.     
Un segundo registro se refiere a la dimensión simbólica y política. Mientras la persona del Presidente y su historia de vida encarna esta dimensión, el Vicepresidente lo hace a través del habla y la escritura.
En el actual momento histórico de Bolivia, la dimensión simbólica y política se presenta más importante que el análisis de la coherencia de las políticas y prácticas gubernamentales en relación a los ideales y compromisos políticos. Situación que se explica, una vez más, por factores multidimensionales.
No cabe duda de que la bonanza económica de los últimos nueve años, fuertemente dependiente de los altos precios internacionales de las materias primas, tiene un peso muy importante para que la dimensión simbólica se sobreponga a la práctica. Sin embargo, otros factores son igualmente importantes.
Al inicio del siglo XXI, los movimientos sociales en contra de las políticas neoliberales, de la expansión desmedida del mercado libre y autorregulado y de sus perversas consecuencias sociales, medioambientales y económicas, enmarcan un contexto histórico mundial en búsqueda de nuevos paradigmas de organización política-económica y social más humana y sostenible. Movimientos que denuncian, además, el excesivo individualismo, la desmovilización política de las sociedades civiles y la opresión de culturas e identidades colectivas.   
Es en este escenario global que la experiencia boliviana reciente emerge simbolizando el horizonte utópico deseable. El logro más importante del Gobierno del Movimiento Al Socialismo está precisamente en la canalización política de las luchas y movimientos sociales de larga duración en la sociedad boliviana. La cual se expresa en la apropiación de los ideales de una época y su elaboración discursiva impecable en términos académicos y políticos.
El discurso del Vicepresidente expresó estos ideales con expresiones muy potentes como, por ejemplo, la recuperación de la dimensión comunitaria y societaria de la economía, la expansión de los bienes comunes (agua, salud, educación, tecnología, medio ambiente), la profundización de la democracia participativa y deliberativa, la protección social y ambiental en contra de la dictadura del lucro privado, la redistribución de la riqueza y la gestión comunitaria de la vida social. Conceptos que articulan deseos profundos de buena parte de la humanidad y, en particular, de los bolivianos por una nueva sociedad en que el espacio público ocupa un lugar central.
Ahí está la fuerza simbólica y política de este Gobierno. La cuestión de si este Gobierno efectivamente está comprometido con estos ideales constituye otro registro. Y mientras se mantenga la sensación de bonanza económica y la estabilidad macroeconómica, esta cuestión se mantendrá secundaria y no se abrirá la discusión pública con la participación de las mayorías.
    
Fernanda Wanderley  es socióloga investigado

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