Entre ceja y ceja

Our brand is crisis

miércoles, 16 de diciembre de 2015 · 00:00
En el primer semestre del año 2002 me tocó asesorar la campaña electoral de Nueva Fuerza Republicana y Unidad y Progreso. Los candidatos eran Manfred Reyes Villa a la Presidencia e Ivo Kuljis a la Vicepresidencia. En ese momento eran dos jóvenes líderes emergentes que habían destacado en el ámbito público. El primero como Alcalde de la ciudad de Cochabamba y el segundo como exitoso industrial y empresario dedicado a la política. Para Manfred era su primera incursión en el ruedo nacional y para Ivo su tercer intento, luego de haber participado como candidato a vicepresidente de Condepa, el año 1993, y como candidato a la Presidencia por UCS, en 1997.
 El equipo de estrategia y de comunicación de la campaña estuvo conformado por Erick Reyes Villa, como jefe de campaña;  yo mismo, como asesor estratégico general;  Luis Alberto Quiroga, de encuestas y estudios, asesor de investigación; y Vicente Dellepiane, asesor de comunicación. En algunas etapas de la campaña recibimos el concurso del gran Ralph Murphine, destacado consultor político de mucha experiencia y del equipo de investigación de la consultora argentina Datamatica.
 Bolivia estaba viviendo entonces una severa crisis de Estado con rasgos de anomia social, que amenazaba con desbordarse por vías no democráticas. La "guerra del agua”, del año 2000, las rebeliones aymaras, la resistencia cocalera a la política de erradicación forzosa y la despiadada presión del sistema financiero internacional sobre nuestra frágil economía, formaban un contexto muy agreste para encarar la campaña.
 Los rivales de Manfred eran Gonzalo Sánchez de Lozada, del MNR; Jaime Paz Zamora, del MIR; Evo Morales, del MAS; Felipe Quispe, del MIP;  Johnny Fernández, de UCS; Ronald MacLean, de ADN; Alberto Costa Obregón, de LyJ;  Rolando Morales, del PS; René Blattmann, de MCC; y Nicolás Valdivia de Condepa. Es decir, una variopinta representación de la fragmentación política y social que vivíamos en aquel 2002. Sin embargo, muy rápidamente la campaña se polarizó entre Manfred y Goni, aunque al final entró en tercería Evo, debido, como se supo públicamente después, a una "cover action” (acción encubierta) pactada entre el MNR y el entonces embajador de Estados Unidos en Bolivia, Manuel Rocha.
 Todo lo anterior viene a cuento a raíz del estreno en nuestro país de una película, producida en Hollywood por George Clonney y protagonizada por Sandra Bullock, en la que supuestamente se relatan las peripecias de la mencionada campaña electoral en nuestro país. La cinta pretende basarse en un documental producido y dirigido por Rachel Boynton el año 2005.
 A decir verdad, la película, salvo cuatro elementos inconexos, no refleja en absoluto lo sucedido en la campaña boliviana de 2002. Podría haberse basado el argumento en cualquier otro proceso electoral aquí, Argentina, Australia, Níger, Vietnam o Timbuktu. No coinciden los personajes, los hechos y mucho menos el contexto socio-político y cultural. En ese sentido, el documental de Boynton tenía mucha más consistencia, aunque su sesgo funcional no le permitió una mirada algo más profunda de nuestra realidad.
 Lo común a ambas películas, sin embargo, es su olímpico desprecio a la participación del equipo asesor boliviano de Manfred e Ivo. En el caso del documental contando las "astucias” y el "talento” de la multimillonaria consultora norteamericana que contrató Goni, ignorando absolutamente la campaña que se puso al frente y que dio una durísima batalla estratégica, con recursos financieros cien veces inferiores. Y en el caso de la película de Bullock, eliminando de un plumazo al equipo boliviano, reemplazándolo, cuándo no, por un supuesto "gurú” norteamericano, tan o más inescrupuloso que la consultora de Goni.
 Esa es la forma de "escribir” la historia que tiene Hollywood. Una eterna batalla entre gringos "buenos” y gringos "malos”, donde los pueblos y los "aborígenes” son el paisaje inevitable en el que los demás pasajeros del planeta tierra sólo tenemos la chance de algún oscuro papel secundario o, simple y llanamente, el más triste anonimato.

Ricardo Paz Ballivián es presidente ejecutivo del Centro Boliviano de Gerencia.
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