Desde la acera de enfrente

Jesusita

miércoles, 23 de diciembre de 2015 · 00:00
Nuestra Jesusita es la bebé Keyla Sinai, una bebé que estaba junto a su madre Evelin cuando ésta fue asesinada por su propio padre, un feminicidio cometido en el mes de octubre en la ciudad de El Alto, el momento en que ella había ido a buscarlo para arreglar el pago de las pensiones familiares.

Ella es nuestra Jesusita, su cuerpo no está en el pesebre ni tampoco en tumba alguna. No se encontró su cuerpo junto al de su madre y por eso podríamos pensar que está viva. Quizás por eso, en lo más profundo de sus sueños, su abuela la escucha llorar. Cree sentir su calor y su olor inconfundible de bebé llena de ternura.

Esta no es tan sólo la triste historia de una bebé que perdió a su madre por feminicidio, sino que ella misma está perdida. No hay su cuerpo y no se sabe nada de ella simplemente porque la Fiscalia, ni la Fuerza de Lucha contra la Violencia, ni el investigar asignado al caso han hecho nada por buscarla.

Se han limitado a pedir a los abuelos de la bebé que consigan 2.400 dólares para pagar los gastos de búsqueda de la bebé en el botadero de Cotahuma, donde, según las declaraciones del feminicida, se supone que está el cuerpo. Se trata seguramente de declaraciones distractivas para ganar tiempo y disponer de la bebé, venderla, traficarla y que su rastro se pierda.

La Fiscalia y la FELCV hacen eco de las burlas del feminicida y pelotean a la abuela. La mandan a la Alcaldía de La Paz a buscar ayuda para grúas que desentierren en el botadero de Cotahuma el cuerpito perdido de nuestra Jesusita. La abuela hace vigilia desde octubre en las puertas hasta ver pasar a Revilla para pedirle ingenuamente su apoyo. Un día por fin logra acercarse al monarca del gobierno municipal, el mismo que la deriva con su secretaria, la cual tiene la única habilidad que una secretaria de Revilla necesita: lavarse las manos, pelotear a la gente a otra instancia, distraerla, ningunearla, todo menos ayudarla.

Nuestra Jesusita es la vida que no importa, es la vida que no cuenta, es la vida que no vale. Su abuela cree que no encuentra a su nieta porque no tiene 2.400 dólares, cuando todas esas gestiones son gratuitas por ley. Pero la ley es papel mojado, la ley es mentira, la ley es lo que no se cumple y de eso ni diputadas ni senadoras no se dan tampoco por enteradas, porque además están ocupadas en prometer nuevas leyes y hacer campañas.

Para este caso no hay una comisión de tres fiscales y no se ha hecho ni un solo peritaje de búsqueda de la bebé, no han hecho literalmente nada más que tomar las declaraciones del feminicida, hacerse eco de ellas, lavarse las manos y dejar que el caso muera ahogado en las lágrimas de la abuela y el abuelo, viejos, pobres y sin nombre ni voz pública que los denuncie.

Nuestra Jesusita Keyla queda vagando en ese territorio de la negligencia y la impunidad que representa la actuación de la Fiscalía en Bolivia. Nuestra tierra se convierte en una tierra de dolor, de trauma insuperable, de terror y espanto por sólo imaginar la suerte de la bebé. El fiscal de Distrito no tiene los expedientes del caso en su despacho, ni hace declaraciones públicas sobre el paradero de nuestra Jesusita.

No hace declaraciones sobre ella el presidente del Senado, ni el Vicepresidente, ni la presidenta de la Cámara de Diputados. Nadie habla de ella, el feminicidio de su madre salió en pocos días de las páginas de los periódicos para ser sustituido por las noticias de algún otro feminicidio.

Nuestra Jesusita no le sirve al gobierno municipal para hacerse propaganda y por eso tampoco colaboran con su búsqueda. Ella no está pues enterrada en el botadero de Cotahuma, bajo la basura, sino que está enterrada debajo de la demagogia, debajo de la negligencia. Está enterrada debajo de la indiferencia. Está perdiendo la vida debajo de frases hechas de lucha contra la violencia, que son pura propaganda.

Jesusita está enterrada debajo de un sistema de justicia donde su vida no vale nada. No puede respirar por la putrefacción que provoca la negligencia y la crueldad con la que se trata a su abuela. Jesusita está enterrada debajo de la porquería que habita la Fiscalía. Ella no es víctima de violencia machista, es víctima de violencia sistémica, ella es víctima de violencia estatal.
 
María Galindo es miembro de  Mujeres Creando.
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