Otras palabras

La corrupción en Brasil

Fernanda Wanderley
miércoles, 11 de febrero de 2015 · 21:16
En vísperas de las fiestas de Carnaval, los y las brasileñas se preparan para bailar en medio de uno de los peores momentos que ha vivido el país. El estupor con el mayor escándalo de corrupción y el debacle de la empresa símbolo y orgullo nacional – Petrobrás – está conmocionando a cada uno de los brasileños. El horror de la situación está, no sólo en los montos astronómicos del desvío de dinero público, sino también en el grado de institucionalización del esquema de corrupción.
La operación policial para desmontar el sistema, denominada Lava-Jato, se funda en un dispositivo jurídico muy ingenioso y eficaz: el acusado de corrupción puede reducir su pena a través de la acusación de otros involucrados, los cuales también pueden ser beneficiados si delatan otros.
El mecanismo de la delación premiada está permitiendo la reconstrucción de una fenomenal red de corrupción que involucra políticos, empresarios y alto funcionarios que desviaron recursos millonarios de la mayor empresa pública de América Latina.
Ya son más de 16 presos, entre exdirectores de la Petrobrás, empresarios, directores y alto ejecutivos de las más grandes empresas privadas del país. Todos los días se adiciona un nuevo capítulo a la telenovela más cínica y vergonzosa que ya asistió la nación: licitaciones fraudulentas para la contratación de obras y compras con precios manipulados, devolución de dinero por los acusados que llega a los 100 millones de reales, involucramiento del partido político que recién ganó las elecciones, en una historia que recién está empezando. 
En uno de los testimonios, uno de los involucrados contó que el esquema estaba tan bien establecido y naturalizado que ya no era necesario discutir los términos de los sobornos para la concesión de contratos. Todavía no se conoce el monto total desviado de los cofres públicos; sin embargo, se calcula que el valor está por encima de los 10.000 millones de reales. Tampoco se sabe el porcentaje de los sobornos ni cuánto fue destinado al Partido de los Trabajadores.
La tempestad que asola a Petrobrás está abriendo una de las heridas más profundas de la sociedad brasileña: la falta de dignidad de la política y, consecuentemente, las enormes falencias del sistema político democrático. El drama de Petrobrás es uno más en una cadena de escándalos públicos que viene sacudiendo la sociedad brasileña a lo largo de las últimas décadas.
La mercantilización de lo público, la impunidad de políticos del conjunto de los partidos que se protegen corporativamente, la concentración de poder de empresarios que hasta poco eran intocables y el cierre de círculos sociales al mejor estilo de un capitalismo de camarillas se desnudan como parte de la historia del país en que no se salva ningún partido político y, menos aún, al que llegó al poder con la promesa de moralidad, decencia y recuperación del bien público.
 En medio de este mar de lama, la luz al final del túnel está precisamente en la operación policial que está encarcelando los cabecillas de la mafia brasileña. Es la primera vez que el país asiste a grandes empresarios y ejecutivos privados entrando en los presidios brasileños como ladrones. Estas escenas, vehiculadas por la televisión, muestran un proceso de fortalecimiento de la autonomía y capacidad de actuación del poder judiciario brasileño. Ahora se espera que la operación siga con la misma determinación con los políticos involucrados en el esquema de corrupción en la Petrobrás. 
Todavía los brasileños tienen motivos ciudadanos para bailar en este Carnaval. Si Dios es brasileño, esta fenomenal crisis institucional abrirá las condiciones políticas para una reforma profunda del sistema político y la recuperación de la dignidad de la política.
 
Fernanda Wanderley  es socióloga investigadora

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