Pluri-multi

La dirección del proceso de cambio

Carlos Toranzo Roca
martes, 03 de febrero de 2015 · 20:37
Cuando el mundo era liberal y el imperio británico dominaba el ámbito internacional, a Bolivia le llegó la hora de construir capitalismo con elementos del liberalismo. Luego, cuando ese capitalismo entra en crisis, después de 1929 y de la Segunda Guerra Mundial, cuando llega la hora del keynesianismo y la Cepal postula la necesidad del proteccionismo y el desarrollo hacia adentro con la marca de la industrialización sustitutiva, también Bolivia cae ante ese influjo internacional.
Al hundirse el keynesianismo vino la fase del neoliberalismo con Thatcher en Inglaterra y otros representantes en el mundo. Bolivia también recibió ese influjo. Al caer el neoliberalismo no se construyeron economías postcapitalistas, el capitalismo, aunque golpeado, sigue presente en casi todo el orbe.
Podrá no haber la ortodoxia neoliberal, pero el mundo no muestra construcciones poscapitalistas o negadoras del capitalismo. China, a sí misma, se dice un país y dos sistemas, hablamos de un socialismo, que se debilita cada vez más, y de un capitalismo que es creciente. Cuba, el símbolo del socialismo de América Latina, muestra crecientemente su adscripción al mercado y va dejando atrás un socialismo que no pudo construir y menos consolidar.
Venezuela nunca construyó socialismo, lo único que edificó fue una debacle.   Y, por otro lado, ¿quién construye comunitarismo? La respuesta es clara, nadie, tampoco Bolivia. Por eso, sostener que el proceso de cambio se dirige a construir el socialismo comunitario no es evidente, simplemente porque no condice con la realidad, ni nacional ni internacional. Las palabras pueden ir hacia el socialismo comunitario, pero la práctica económica y social va a otro lado
Lo que muestra la realidad fáctica es la construcción de un capitalismo de Estado con actores neoliberales, una suerte de reedición del nacionalismo de 1952. Y en la matriz del estatismo económico lo que se visualiza es la existencia de un modelo de desarrollismo extractivista, el mismo que ha sido desplegado por derechas e izquierdas por más de un siglo.
Hoy, ese extractivismo con signos de izquierda  no se conduele del cuidado del medio ambiente, está demasiado lejos del respeto de la Madre Tierra.
El capitalismo de Estado apunta al control estatal del excedente, eso funciona en alguna medida en la explotación de los hidrocarburos, en especial del gas, empero, el excedente se comparte con empresas extranjeras, pues el reparto del fifty fifty, aprobado por Hormando Vaca Díez, se ha modificado poco en favor del Estado. Además, hay mucha oscuridad sobre los costos recuperables de las empresas extranjeras.
En el campo de la minería el control estatal del excedente no es tan nítido, pues en este sector la tributación es ocho veces menor que en el de hidrocarburos, por ello San Cristóbal controla buena parte de las exportaciones y una porción más pequeña los cooperativistas, que no son tan "cooperativos”.
En el terreno de la soya es nodal la presencia de los empresarios cruceños, quienes controlan las ganancias, pero sólo una parte del negocio, pues lo fundamental es manejado por el gran capital transnacional de la agropecuaria.
El sueño del MNR, la Marcha la Oriente, lo ha cumplido el MAS, lo hace con su alianza con el empresariado cruceño, que es aliado pequeño de ese gran capital transnacional. Nada de esto tiene que ver con el comunitarismo. Los pequeños y medianos productores, muchos de ellos collas, están subordinados en una cadena, donde el núcleo es ese gran capital transnacional.
El capitalismo de Estado tiene la compañía del control de la circulación por parte de empresarios emergentes, burguesías aymaras, burguesías cunumis y burguesías cholas.
Si antes las importaciones  alcanzaban a 800 millones de dólares, hoy ellas se acercan a los 8.000 millones, buena parte controlada por esas burguesías cholas. Esos sectores son las nuevas élites económicas del país, conviven con el empresariado cruceño y ven el debilitamiento muy fuerte del empresariado tradicional de La Paz. Tampoco nada de eso es socialismo, ni comunitarismo.
En el campo de las élites políticas también hay movilidad y mutaciones, las nuevas élites son profundamente corporativas, cocaleros, cooperativistas mineros, choferes, gremiales y campesinos. Las nuevas élites, económicas y políticas  son profundamente liberales y neoliberales. Por ello, no es una novedad que Bolivia tenga un capitalismo de Estado con actores neoliberales.

  Carlos Toranzo Roca es economista y analista

Confidencial

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