Tinku verbal

Ama sua, un saludo a la whipala

Andrés Gómez Vela
sábado, 28 de febrero de 2015 · 22:17

Cuando a la élite inca se le ocurrió imponer a sus súbditos el ama sua (no seas ladrón), ama llulla (no seas mentiroso) y ama quella (no seas flojo) el propósito era proteger sus beneficios y bienes para seguir viviendo del trabajo ajeno. No creo que haya sido alcanzar el vivir bien, ¿o podía haber vivir bien en una sociedad estamental, jerarquizada y arbitraria? Salvo que los súbditos hayan descubierto la felicidad sin la libertad ni la igualdad.
El ama sua no buscó defender la propiedad privada, sino la de la élite. El romanticismo indianista equiparó, sin querer, ese mandato al (7) no robarás de los 10 Mandamientos. A tanta insistencia, financiada por ONG, lograron hacer creer que el ama sua no era una norma externa, sino algo intrínseco al ser originario campesino, lo que en buenos términos significaba que, gracias a esta disposición inca, el "indio” era genéticamente honesto (la reserva moral de la humanidad), a diferencia del qjara (blanco), de quien se sospechaba de todo, menos de su honestidad (basta el apodo, que significa pelado; por tanto, con aspiraciones de ser ladrón para tener algo).
En nueve años de Gobierno del MAS quedó demostrado que el ama sua no era parte del ser, sino del poder. Dicho de otro modo, no nacieron honestos, sino como todos, con una virtud, cuyo desarrollo depende de la educación, valores y condiciones socioeconómicas.
También queda constatado que en "la viña originaria campesina del Señor” hay de todo y si antes no habían suas era porque no habían tenido la ocasión o nada que robar. Entonces, termino de entender que la autoridad era rotativa entre algunos pueblos indígena originario campesinos porque no había ningún poder ni dinero que disputar, sólo la urgencia de organizarse para sobrevivir a un Estado excluyente.
¿O alguien puede sacrificar su tiempo, sus bienes y su dinero toda la vida sin recibir nada más a cambio que el agradecimiento social (que por cierto para los honestos vale mucho)?
En una década, el mito de la rotación de cargos y poder se ha derrumbado. Aquellos que reclamaban a los neoliberales rotación ahora no sueltan sus cargos y privilegios y buscan la reelección eterna, disputándose ferozmente los espacios de poder en los municipios, en las gobernaciones o en otros espacios públicos.
¿Qué decir del ama llulla? En el contexto actual ha perdido su efecto público. El político indígena originario campesino, salvando excepciones, miente con tal de preservar poder y obtener riqueza, y puede engañar a su propia gente sin ser sancionado electoralmente, porque parte de sus bases comparte el ser y parecer de sus líderes.La peor expresión de la violación del ama llulla, el ama sua y el ama quella es la corrupción. Roban el bien público y mienten indicando su inocencia, porque están seguros de que gozan de la protección de su partido en el poder como lo hacían los neoliberales.
Engatusan a su patria, a la que dicen que aman y de la que, sin embargo, roban sus bienes y se enriquecen, evadiendo impuestos, traficando sustancias prohibidas, vendiendo coca al mercado ilegal, contrabandeando. En resumen, acumulando capital sin trabajar honestamente.
La corrupción en el Fondo Indígena demuestra la falsa resurrección de la ética inca. El dinero, el poder y la vida real igualaron a "qjaras y tjaras”. Empero, tengo la esperanza de que las excepciones erigirán a un nuevo ser.
En todo este proceso hay algo positivo: perdieron la moral para vivir lamentándose de los 500 años y proclamando que nunca habían administrado los recursos del país. Lo manejan desde hace casi dos décadas -con más "confianza política” desde hace diez- y vean los resultados en municipios y en el Fondo Indígena, donde la corrupción es moneda corriente.
No hay por dónde perderse, el vivir bien es un concepto ininteligible para la gente que convirtió el ama sua en un saludo a la whipala. Que no culpen a las necesidades insatisfechas, pues, como reza el eslogan del periódico de Condorito,  El Hocicón, uno puede ser "pobre, pero honrado”.

Andrés Gómez Vela es periodista.

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