¿Política tóxica? Tontómetro, corruptómetro…

Óscar A. Heredia Vargas
martes, 10 de marzo de 2015 · 19:41
¿Quién no se ha encontrado con el o la "profesor(a) Falazzia” que quería que hicieras todo lo que él disponía? La agresividad, la falsedad, la descalificación política en la historia es un fenómeno permanente que nunca benefició a la voz de Dios. Si no estamos alertas, algunos políticos jurásicos -tradicionales- se "embolsillarán” una parte de nuestra voluntad; luego los veremos en una pantalla sonriendo, sin que les importe el pueblo.
En los momentos de coyuntura electoral, algunos se olvidan que estamos pensando, actuando y hablando política y que la matemática sólo es una ciencia exacta, lógica y fría.
El escenario en que vivimos nos muestra que estamos en un juego de emociones, sentimientos, voluntades, pasiones, deseos y necesidades humanas individuales y colectivas. Según Graciela Scheines: "En el juego está la vida de cuerpo presente: La lucha por la vida, las delicias de la vida, la amarga vida, lo terrorífico, el riesgo, el éxito y el fracaso, lo invisible y lo oscuro… Es un juego inocente y un juego terrible”.
Muchos percibimos -por no decir todos- que la reseña política de nuestro país, en general, es un itinerario de subdesarrollo y que durante esa historia los únicos que se han beneficiado -floreciendo su vida y la de sus familias- han sido los gobernantes y los políticos que han estado en el poder; mientras que la ciudadanía se ha estancado en la pobreza.
Estos excesos de desequilibrio social, individual y colectivo nos llevaron a proyectar, en todo momento histórico electoral, nuestra esperanza en mejores días para nosotros y nuestros hijos, como un efecto de la compensación de nuestra delegación de autoridad y responsabilidad a quienes se hacen llamar líderes con vocación de servicio, a quienes -como siempre y con los mismos argumentos- prometen abolir la tragedia y terminar con la historia accidentada, pero no ha cesado en lo mismo: la distribución de la riqueza en usufructo, de democracia en represión, de transparencia en corrupción, de justicia en injusticia, de seguridad en inseguridad, de demócratas en personajes más desmesurados.
"La voz del pueblo es la voz de Dios”. No dejemos que esa voz quede para siempre en el escenario de la noticias. No hay posibilidad de transformar el país si no se lo comprende. No hay posibilidad de cambiar a los líderes si no se los desenmascara.
De lo que se trata es de descubrir que los políticos están usando argumentos:  ad baculum, ad antiquitatem, ad hominem, etcétera, para que luego logremos sonreírnos y confirmar que el poder está en nuestras manos.
"Todos los hombres y mujeres son respetables. Son las ideas las que hay que combatir”, Gabriel Alomar.
Combate limpio, responsable y respetuoso.


Óscar A. Heredia Vargas es investigador, analista y docente de la Universidad Mayor de San Andrés

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