Editorial

La violencia contra las mujeres

viernes, 13 de marzo de 2015 · 21:03
A pesar de los avances registrados por la mujer en diversas áreas de su desarrollo, hay aspectos que parecen no cambiar. Por el contrario, a pesar de los cambios en los paradigmas de vida de las mujeres, a pesar de su masiva incursión en el mercado laboral y en la educación, y de su participación política, las peores y más cavernarias formas de patriarcalismo siguen deteniendo su camino tanto ayer como ahora.
Según las cifras difundidas por Naciones Unidas recientemente, Bolivia está considerado el segundo país de América Latina con más altos índices de violencia sexual: siete de cada 10 mujeres bolivianas, en algún momento de su vida, han sido víctimas de abuso sexual. Más aún, a pesar de la vigencia de una nueva normativa que penaliza la violencia contra la mujer, pareciera que el número de feminicidios va en ascenso. En 2014, 117 mujeres murieron violentamente y el 60,19% de ellas en lo que se denomina "feminicidio íntimo y
conyugal”. El "feminicidio sexual” mata al 21,36% de las mujeres y el infantil a un 13,59% de niñas y adolescentes que encuentra la muerte de forma violenta (según datos del CIDEM).
Es decir que con todo lo que representa la implementación de la Ley 348 para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia en la lucha de las mujeres por un desarrollo equitativo e integral, la norma no es suficiente para asegurar mejores días para este 50% de la población. También, según los datos de NNUU, de 12.337 causas registradas, solamente 1.134 alcanzó el nivel de imputación. En otras palabras, el objetivo aleccionador de esta norma, que incorporaba la cárcel para los crímenes contra las mujeres (que antes se habían naturalizado de tal manera que era más "riesgoso” robar que matar a una mujer), ha ayudado a que se incrementen las denuncias, pero no que se castigue realmente a los culpables y mucho menos que se eviten estos crímenes.
No es todo. A la violencia estructural e institucionalizada en sociedades como la nuestra, se suma otros aspectos que todavía se presentan como desafíos para quienes abanderan la causa de las mujeres y diseñan políticas públicas: los hombres de las ciudades tienen el doble de años de estudios que las mujeres de áreas rurales; los hombres profesionales en las ciudades ganan cinco veces más que las mujeres que sobreviven en el campo en el sector informal.

Como se puede ver, no es solamente un asunto de quejas o expectativas: son aspectos estructurales de relacionamiento (equidad) y de principios (patriarcalismo) que, obviamente, toman forma en expresiones de discriminación y violencia de forma permanente.

 El "feminicidio sexual” mata al 21,36% de las mujeres y el infantil a un 13,59% de niñas y adolescentes que encuentra la muerte de forma violenta.

 

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