Catalejo

El gobierno municipal que queremos

Iván Finot
martes, 24 de marzo de 2015 · 20:02
Este fin de semana se realizarán las elecciones de gobiernos autónomos municipales y departamentales. Hoy, en esta columna, se intenta interpretar algunas aspiraciones del ciudadano de a pie de la ciudad de La Paz, con la esperanza de que su próximo gobierno autónomo municipal las tome en cuenta.
En primer lugar, los paceños esperan que haya entendimiento entre el partido o agrupación que logre la mayoría y los demás que también queden representados en el Concejo Municipal. Que nuestros representantes –porque eso son los concejales, representantes- respondan primero a quienes los elegimos y no a la lucha político-partidaria. De lo contrario, ellos y sus partidos serán castigados en las siguientes elecciones. O antes, ejerciendo el derecho a la revocatoria de mandato (¿por qué no se lo ejerció con Rocha?)
En segundo lugar, que el reclutamiento para todos los cargos fijos sea por concurso público. Y tomar en cuenta que lo principal de la gestión municipal no son las obras: éstas son necesarias, pero son sólo un componente de políticas más amplias.
Eso sí, las obras son lo más oneroso del gasto municipal y por ello la población espera que su gobierno haga todo lo necesario para lograr la mejor relación beneficio/costo: que correspondan a una buena planificación y diseño, que se siga estrictamente las normas de contratación y se lo haga con transparencia total, con información inteligible, desde la contratación hasta la entrega.
Lo importante es pensar en la gente. Para empezar, reducir la innumerable cantidad de torceduras y fracturas que los peatones sufren diariamente por el mal estado de las aceras. Ya el declive de las calles las hace peligrosas, mucho más si el peatón debe cuidarse todo el tiempo de baldosas levantadas, huecos o ausencia total de cobertura, y esquivar obstáculos. Si uno no quiere accidentarse caminando por las calles de La Paz, tiene que andar siempre cabizbajo, atento a todos estos peligros. Lo que es aprovechado por los ladrones llamados  descuidistas.
Todas las aceras -excepto las necesarias escaleras- deberían poder ser recorridas por coches de bebés y sillas de ruedas, pero no sólo con este objetivo, sino también para beneficiar a muchos, más al ciudadano de a pie.
Y a propósito de delincuentes, preocuparse todo el tiempo por la seguridad ciudadana, elaborar planes con la Policía, ejecutarlos, revisarlos, mejorarlos... Y también colaborar eficazmente para reducir la violencia doméstica: ofrecer refugios a la población vulnerable, pero también facilitar al máximo que se haga efectivo el castigo a los maltratadores.
¿Está funcionando el Consejo Municipal de Seguridad Ciudadana, presidido por el alcalde e integrado, entre otros, por representantes de la Policía Boliviana y del Ministerio de Gobierno?
Hospitales, sí, pero también buenos médicos. Seguir tomando en cuenta las dificultades de transporte y para ello continuar el proyecto La Paz Bus, ampliarlo a toda la ciudad. Para que la basura no se acumule, pensar que durante el día todos trabajan y no estarán en su casa cuando pasa el carro basurero.
Atender de inmediato reclamos y sugerencias para evitar desbordes causados por la basura en los ríos. Parqueos sí, subterráneos, muy bien, pero en superficie también. Y tan importante como esto: que las Cebras  hagan respetar los semáforos de peatones a la vuelta de las esquinas.
Pensar en la gente es tener una política continua de desburocratización. Que los trámites sean más rápidos y los ciudadanos no tengan que recurrir al soborno para agilizarlos. La reciente medida de poder denunciar corrupción por el celular es buena, pero ¿quién denunciará al funcionario "buena gente” que por unos bolivianos le está agilizando un trámite atascado por meses?
Pensar en la gente es prestar atención a todos, no sólo a las juntas de vecinos, con frecuencia poco democráticas (¿cuántos ciudadanos son convocados para participar en la elección de dirigentes?), sino también a las personas. Que en todos los barrios se pueda contar con un mínimo de infraestructura y de servicios, a los que todos tienen igual derecho. Y para concluir: más monumentos y plazas a bolivianos insignes y menos a extranjeros desconocidos.

Iván Finot es MSc en Economía, especializado en Desarrollo y Descentralización.

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