Otra mirada al crecimiento

domingo, 5 de abril de 2015 · 19:50

El fin del súper ciclo de las materias primas, con precios en caída de los principales minerales de exportación y el petróleo, con un efecto en la caída del precio del gas natural (1,70 dólares por millón de BTU , de los 10 dólares que se pagaban a inicios de 2014) reflejan una caída en el valor de las  exportaciones de cerca de 30%.
Este escenario negativo obliga a revaluar el actual crecimiento económico de Bolivia. Esto no es trivial, ya que las ganancias de un alto y sostenido crecimiento se las observa en un incremento de la esperanza de vida, en la reducción de la tasa de mortalidad infantil, mejoras en la nutrición y otros indicadores sociales que tienen una relación muy directa con el crecimiento económico.
Para entender el proceso de crecimiento económico hay que distinguirlo entre el corto, mediano y largo plazo. En el corto plazo, como la capacidad productiva no puede alterarse inmediatamente, el crecimiento está determinado por la demanda –gasto agregado- del producto interno bruto (PIB).
El FMI pronostica un crecimiento de 5,1% para Bolivia en 2014; por tanto, se estima que: i) el consumo de los hogares aportó en torno a 3,6 puntos porcentuales (pp) al PIB; ii) la inversión de las personas (privados) y del Gobierno pudo explicar 1,0 pp; iii) el consumo del Gobierno, que en su gran mayoría representado por el gasto en sueldos y salarios del aparato público más compras de bienes y servicios y transferencias a las familias, debió aportar en torno a 0,6 pp, variables que forman el motor interno de la economía.
Por otro lado, el motor externo se compone del aporte de las exportaciones netas (exportaciones menos importaciones) que se estima  incidieron negativamente en 0,1 pp., como resultado de la desaceleración de las exportaciones y del aún persistente crecimiento de las importaciones.  Este escenario, estimado a base de los últimos datos públicos disponibles a septiembre de 2014, parece que es aún más complejo ya que el Gobierno, recientemente, corrigió su estimación de crecimiento de la economía de 5,9% a 5% para 2015. Esto a costa de la pérdida de la capacidad de compra de los hogares, ya que se espera un incremento en la inflación, explicado entre otros factores, por el incremento en el gasto público.
Todo lo previamente descrito sólo incide en el corto plazo, pero desde una perspectiva moderna de la contabilidad del crecimiento, en el largo plazo el crecimiento está determinado por la combinación de  cuatro factores: 1) el crecimiento de tendencia de la fuerza de trabajo, ajustada por la tasa natural de desempleo; 2) el capital humano que corresponde al  stock  de conocimientos que el trabajador posee (ya sea de forma innata o adquirida) y que contribuye a su productividad; 3) el stock de capital fijo, tanto tangible (como la infraestructura y maquinarias) como intangible en el de las tecnologías de información; y  4) la Productividad Total de Factores (PTF).
La PTF es la capacidad de reasignar recursos a sus mejores usos y por la innovación que tiene lugar en los procesos productivos y en la creación y/o adaptación de nuevas tecnologías, además de estar en relación con el ambiente institucional de la economía.
Además, es importante recordar que existen algunos límites naturales y físicos en los factores de acumulación, esto por la ley de rendimientos decrecientes. A medida que uno acumula más capital y empleo, el retorno de ambos disminuye. En consecuencia, hay un límite a cuánto pueden crecer las economías solamente, basándose en la acumulación de factores de producción. El crecimiento de largo plazo sólo puede aumentar gracias a un constante crecimiento de la PTF  y que los países con más éxitos han tenido crecimiento sostenido de TPF de más del 2% por año.
Distintas estimaciones del crecimiento del producto tendencial en Bolivia lo sitúan entorno al  3,7%. En el último tiempo este crecimiento se ha caracterizado más por la transpiración (acumulación de capital físico, humano y empleo) que por inspiración (el crecimiento de la PTF). Con datos de las Penn World Table disponibles entre  2004 y 2011, se observa que el crecimiento de la PTF en promedio fue 1,1% (ya para los dos últimos años el promedio marca 0,5%); mientras que el crecimiento del producto estuvo un punto porcentual por encima de la tasa de crecimiento del producto de largo plazo.
En otras palabras: más del 80% del crecimiento económico es explicado por la transpiración y no por una mejor manera de hacer las cosas.
¿Cuál es el problema de que la productividad crezca poco o casi nada? Con estas tasas de crecimiento de largo plazo del producto, la posibilidad para seguir avanzando en la reducción de las brechas con países desarrollados es más lejana.
El principal objetivo es llevar la tasa de crecimiento del producto tendencial por encima del 6%; esto significa que el trabajo pendiente no es sólo aprovechar los "súper ciclos” de materias primas con "transpiración”, sino pensar en el futuro con "inspiración”.
Eso quiere decir fortalecer las instituciones, otorgar seguridad jurídica a las inversiones privadas, siempre en un marco del respeto de las normas ambientales; focalizar las transferencias de Gobierno, fomentar la estructuración creativa de las empresas, tanto públicas y privadas, para la mejor asignación de recursos, y, a la vez, generar mayores y mejores oportunidades de empleo de calidad, que es el mejor arma para derrotar la pobreza.

Luis E. Gonzales Carrasco es economista boliviano, investigador de CLAPES -UC, en Chile. 

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