La curva recta

Sobre la visita papal

Agustin Echalar Ascarrunz
sábado, 04 de julio de 2015 · 17:48
La visita del papa Francisco se ha visto contaminada desde un principio por forcejeos  políticos y de prestigio, tanto entre la jerarquía de la Iglesia y el Gobierno, como entre éste y la oposición. Por eso, todo paso que Su Santidad dé por estos lugares, toda palabra que salga de su boca, todo alimento o no alimento que se lleve a su boca terminará teniendo un sentido político. Es el espíritu de los tiempos que estamos viviendo en Bolivia, y eso no es necesariamente malo;  a fin de cuentas, es ante todo de símbolos de lo que está compuesto el poder del visitante como el del Jefe del Estado boliviano.
El rumor de que Su Santidad mascaría hojas de coca durante su estada en La Paz ha puesto  a muchos en guardia. Para curarse en salud los opositores al régimen le quitan el valor a esa acción, diciendo que eso sería absolutamente válido, lógico y que no tendría mayor significancia. La gente del Gobierno está esperando, seguramente, con ansias que eso suceda, porque podría valer más que cualquier embajada de buena voluntad de cualquier artista de Hollywood.  
Mientras tanto, los preparativos han ido avanzando. Se han hecho altares y se están remozando las calles por donde pasará el papa Francisco en un coche donado por una empresa, que tiene todo el derecho de creer en milagros, porque nadie hubiera podido imaginarse que la era de Evo le traería tan pingües negocios a la importadora de autos de lujo.  (Ahora bien, ponerle  propaganda al carro, aunque sea sólo en la fase preliminar, es nomás de muy mal gusto).
El retiro de un altar dedicado a una moderna divinidad pagana, una especie de demonio, que hace no más de dos lustros se había instaurado en una curva de la autopista de El Alto a La Paz, ha sido parte de los preparativos. Es algo muy adecuado, no por la visita del Sumo Pontífice, a quien de seguro esas cosas no escandalizan, sino porque una autopista no es lugar para cultos que impliquen peregrinajes, parqueo de coches y exceso innecesario de peatones.  
Por supuesto que los rituales llamados andinos, entre otros el enterramiento de llamas vivas para que el ofertante haga buenos negocios (que incluyen a veces poder pasar mercadería sin tener que pagar los impuestos de internación) son aberraciones de cosmovisiones que no pueden ser fomentadas por un Estado, pero en Bolivia hay libertad de culto, y es mejor que así sea. Claro, mientras no volvamos a los sacrificios humanos.
El municipio se ha dedicado a hacer jardines alegóricos de plantines con frases y dibujos alusivos al Papa, eso está bien, aunque, con el mismo propósito de alegrar la breve visita del Papa,  de lo que debería preocuparse en temas estéticos, más bien, es de retirar los escombros y los basurales que se tiene delante de cualquiera de las avenidas que conducen a la hoyada, donde está la ciudad de Nuestra Señora de La Paz.
La llegada del Papa, tan buscada y ansiada por el Gobierno, tiene un interesante componente: pone en evidencia la falsedad de parte del andamiaje ideológico del partido de Gobierno. El pueblo boliviano es nomás católico y eso pone en una situación poco seria  a las ideas de que hubiera   una religión andina actual. Los rituales de Tiwanaku de los últimos tiempos terminan siendo bastante ridículos.
El tema de la descolonización tambalea también a partir de esta constatación. No parece ser que no hay caso de liberarse de los  482 años de historia desde que el primer  español llegó a estas tierras.
Este catolicismo tiene su lado positivo, pero no se debe dejar de lado la parte anacrónica de esa institución, su extremada, no digamos machista,  pero sí altamente discriminatoria estructura respecto a las mujeres y también a las libertades sexuales, tan importantes para el ser humano de estos tiempos. A éstas y otras reflexiones más nos invita la visita del Papa más simpático de los últimos tiempos.

Agustín Echalar Ascarrunz
es operador de turismo.

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