Posible legado de la doctrina Obama

Marco Antonio Barroso Mendizábal
sábado, 2 de enero de 2016 · 00:00

Las políticas exteriores y de seguridad de los presidentes norteamericanos se han interpretado a menudo en función de la existencia de dos visiones antagónicas del papel de Estados Unidos en el mundo: una aislacionista y otra intervencionista. Ian Bremmer conceptualiza la evolución de la política exterior y de seguridad de ese país como un movimiento pendular, entre un polo aislacionista y otro intervencionista, ergo, ningún presidente ha sido por completo aislacionista, ni totalmente intervencionista. 

 Los detractores, como Sestanovich, argumentan que los presidentes se han caracterizado por su escasa capacidad para colaborar con los dirigentes de otros Estados y los agrupa, desde 1945, a los 12 inquilinos de la Casa Blanca en "maximalistas”, que pretendían reafirmar el liderazgo estadounidense, como Harry Truman, John F. Kennedy, y Ronald Reagan, y aquellos a los que, por distintos motivos, les correspondió protagonizar un cierto repliegue (retrenchment) del poder americano, como Dwight Eisenhower, Richard Nixon, Gerald Ford, Jimmy Carter y el propio Obama.
 Respecto a las categorías  entre "idealistas” y  "realistas”, el presidente Obama se ha negado a identificarse rígidamente con ninguna de las dos escuelas. El enfoque histórico de W. Russell Mead identifica cuatro escuelas de política exterior norteamericana: la hamiltoniana (alianza entre Gobierno y empresa), la wilsoniana (moralista e idealista), la jeffersoniana (aislacionista) y la jacksoniana (fundamentalmente realista).
 El autor Joseph Nye ha intentado analizar la evolución de la política exterior y de seguridad norteamericana mediante el análisis del liderazgo proporcionado por sucesivos presidentes, a quienes define como transformadores o incrementales, dependiendo de su nivel de ambición, y cuyos estilos cataloga como "transaccional” o "inspirador”, en función de los instrumentos utilizados para ejercer su liderazgo.
 Según  Nye, el presidente Obama ha sido, sin duda, un líder inspirador, pero se muestra un tanto reacio a considerarlo verdaderamente transformador. El propio presidente Obama ha explicado que la idea que mejor resume su política exterior y de seguridad es el hecho de que "no existen soluciones militares a todos los problemas del siglo XXI”. Citando una frase de Robert Kagan, había manifestado en West Point que "el hecho de tener el mejor martillo no significa que todos los problemas sean un clavo”.
 A su modo de ver, ni China ni Rusia pueden competir actualmente con el poderío militar norteamericano, por lo que la principal amenaza a la que se enfrenta Estados Unidos es "el desorden” o, lo que es lo mismo: la existencia de Estados fallidos y organizaciones y movimientos terroristas de diverso pelaje.
 Para enfrentarse a estos retos, además del uso de la fuerza, Estados Unidos debe dotarse de una amplia gama de instrumentos crecientemente diversificados, ello explica que haya renunciado a derribar o cambiar regímenes con los que Washington se encuentra incómodo, prefiriendo transformarlos por medios económicos y políticos, como se pretende hacer en Cuba e Irán.
 El gran reto al que se ha enfrentado Obama, y que adquirirá una relevancia aún mayor para quien le suceda, no ha sido otro que el de procurar que la influencia de las preferencias e ideas norteamericanas se perpetúe en unas normas e instituciones que  puedan sobrevivir al eventual declive norteamericano.

Marco Antonio Barroso Mendizábal es abogado, diplomático y catedrático.

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