Desde la acera de enfrente

No saldrá Eva de la costilla de Evo

miércoles, 20 de enero de 2016 · 00:00
La cantidad de mujeres dentro del Gobierno del MAS y en la representación parlamentaria no representa en sí misma una participación política, sino una mera cuota biológica de mujeres que, sin peso específico ni visión ideológica propia, forman parte del Gobierno. Su función es la de constituir un circuito de lealtad y machi complacencia del Presidente como figura redentora. Esa cuota es ideológicamente liberal y viene de la agenda introducida por los organismos internacionales y las ONG.

La ley que garantiza a las mujeres una vida sin violencia es hijastra de la ley introducida por Sánchez de Lozada y que sólo ha tenido la facultad de introducir la figura del feminicidio y de insertar la penalización de la violencia machista, pero sin éxito. Cargar los casos de violencia al procedimiento penal ha dejado a las mujeres masivamente fuera del acceso a justicia. La Fuerza de Lucha contra la Violencia no es más que otro nombre para la Fuerza de Protección a las Mujeres, ambas instancias policiales,  un fracaso por ser estructuralmente la Policía un organismo de represión, por ser la FELCV un destino castigo para los y las policías.

La ley ni siquiera ha logrado legitimarse en su enunciado como dirigida a la protección de las mujeres, por lo que, actualmente, muchos hombres la están utilizando para su beneficio en contra de mujeres conflictivas que se rebelan contra la violencia machista. Lamentablemente, en la figura del feminicidio lo que prevalece es la impunidad, pues la crisis estructural del aparato de justicia involucra también los casos de violencia machista.

El bono Juana Azurduy y el Subsidio de Lactancia Materna Universal son medidas que ven en las mujeres úteros con piernas. Están dirigidas a proteger el producto que es "el niño” y no a la madre como sujeto. Las guarderías no se han implementado sino de manera anecdótica. La protección de la madre en función "del niño” es un enfoque patriarcal con el que han cumplido en el mundo desde el fascismo, pasando por todas las derechas y las izquierdas, porque simplemente ese lugar es el único que al Estado le ha interesado históricamente.

Las burlas, humillaciones y alusiones machista del Presidente hacia las mujeres, con las que ha amenizado sus asambleas, han acompañado los 10 años de gestión.

La impunidad en los casos de la enfermera violada y asesinada al interior del cuartel de Miraflores, la impunidad sobre la violación de dos jóvenes y el asesinato de una de ellas en el cuartel de Achacachi, y la impunidad en el caso de la violación de una trabajadora de la limpieza en la Gobernación de Sucre marcan el hecho de que mientras más poder político tiene el abusivo, menor posibilidad de justicia tiene una mujer.

La postergación indefinida de la despenalización del aborto, siendo que su penalización sólo afecta a las mujeres más pobres, no es más ni menos que una traición del MAS para con la soberanía de las mujeres. Se debe a la fuerte influencia católica y cristiana en el Gobierno.

Al no haber resuelto las estructuras de poder económico y el perfil extractivista de la economía tampoco ha abierto espacios ni formas de trabajo para las mujeres que no estén bajo un régimen de empleo precario, de subempleo, de máxima explotación familiar, que coloca a las mujeres en la peor escala de salario. Las más pobres de este país siguen siendo las mujeres. Y de entre ellas las mujeres jóvenes madres las más.

Bolivia tiene uno de los índices más altos de embarazo adolescente. No se aprovechó la nueva ley educativa para introducir la educación sexual y la soberanía de las mujeres sobre sus cuerpos, dejando este tema histórico fuera de la agenda educativa.

El amplio poder simbólico y fáctico de las Fuerzas Armadas, en todos los escenarios sociales y políticos, y la ratificación en la Constitución del Servicio Militar obligatorio refuerza la visión machista y violenta de los jóvenes.
El MAS, con relación a las mujeres, ha sido poco original, muy neoliberal y algo caritativo, y su rasgo inequívoco ha sido y sigue siendo, además de todo, eso en la cotidianeidad, el machismo.

Son 10 años de pelar papas para la fiesta, de tender la cama para el placer, de lavar la ropa mientras él va a la cancha a jugar. El plagio de la despatriarcalización, de la cual yo soy la autora, tampoco significó sino el secuestro de un término para no hacer nada en ese sentido, porque ni siquiera se tomaron la molestia de comprenderlo.
 
María Galindo es miembro de  Mujeres Creando.

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