¿Quién defiende a Marianela?

miércoles, 12 de octubre de 2016 · 00:00
Con o sin sombrero, con o sin procesos a las personas que la maltratan en las redes sociales, refugiándose en su condición de mujer o mostrándose como discriminada mestiza, con o sin millones, la ministra de Comunicación, Marianela Paco, no podrá vencer el juicio de la historia, la voz del tiempo, el implacable que dura más allá de todo gobierno, por larguero que éste sea.

 Paco ha convertido su cargo en el espacio de mayor confrontación con sus pares, aunque justamente su cartera es de C-o-m-u-n-i-c-a-c-i-ó-n; es decir, de servicio público como el máximo canal oficial para llevar información de un emisor a un receptor con el objetivo de consolidar a los adeptos y de convencer a los indecisos; ojalá también para ganar a los indiferentes, sorprender a los contrarios con sólidos argumentos.

 Paco no parece conocer cómo funciona la comunicación social, más aún en la era de las nuevas tecnologías y de la rapidez con la cual se repiten los mensajes. No todo es propaganda. La comunicación actúa sobre todo para impactar en el mediano y en el largo plazo, como una gota de agua que horada la piedra dura.

 Desde la apertura democrática, sobrepasó incluso la actitud de Iván Canelas contra el gremio, quien organizó, en su momento, los ataques humillantes del Primer Mandatario a periodistas de base. Es como si el Ministerio de salud dedicase sus fuerzas a atacar a los médicos.

 Es cierto que no le ayudan sus colegas, sobre todo aquellos adscritos al manual del insulto y la provocación, pero ella podría exhibir los saberes que aprendió en las aulas universitarias. ¿Logra Marianela proteger a Evo Morales como es la tarea de un vocero? Sería interesante conocer cuál es el impacto de sus intervenciones en la opinión pública urbana o rural. 

 Ejemplo, su "denuncia” contra la reunión del flamante presidente peruano con un opositor boliviano. ¿Acaso no ve el panorama mayor de la necesidad boliviana de acumular aliados y no de aislarlos por un motivo trivial? Resultado, ese mandatario viajó primerito a Chile.

 O el manejo por la ausencia de Morales en la ceremonia en Cartagena. A las fallas de un embajador distraído, de una cancillería opaca, se sumó el rol de quien debería explicar por qué el desatino. Mientras millones miraban el apretón de manos colombiano, Evo discurseaba a los cocaleros. Encima un spot de él hablando ante una sala semi vacía en la Asamblea de Naciones Unidas.

 Lo último, regala libretitas recomendando que para ser buen periodista hay que ser buena persona….

Lupe Cajías es periodista e historiadora.

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