Salud y democracia

sábado, 15 de octubre de 2016 · 00:00
 Recordando la recuperación democrática de octubre de 1982 creemos necesario retomar el tema de salud como derecho, que tomó fuerza con las movilizaciones populares de la época.   Su análisis puede contribuir al necesario debate para la conformación de un nuevo sistema de salud democrático y participativo,  más eficiente,   eficaz y, sobre todo, promotor de la vigencia de todos los derechos humanos -con el de la vida, la  salud y la libertad-  como derechos que contribuyen a la vigencia de todos los demás y a la construcción de una ciudadanía plena. Los conceptos básicos iniciales están en el prólogo del libro, pero algunos necesitan subrayarse  y otros ser mejor explicados.

 El libro, más allá de sus autores formales,  contó con la participación de los médicos PIAAS y los dirigentes populares, está dedicado a la defensa de la salud colectiva, junto a compañeros de aquí y de allá, con formas de pensar iguales o diferentes. Defensa sostenida, además, en diversos escenarios y compartida con muchos actores y defendiendo la misma aspiración de que la "Salud como derecho” penetre en la conciencia general y que esa conciencia impulse las movilizaciones necesarias para conquistarlo, como se conquista la libertad o la justicia.

La sinceridad y lo auténtico valen por sí mismos, independientemente de la   tendencia que representen. Más que la verdad establecida, valen los caminos para alcanzarla. No en vano, la profundidad poética de Machado, bellamente entonada por Juan Manuel Serrat, ha dado vuelta al mundo cantando "Caminante no hay camino, se hace camino al andar…”

 En una coincidencia más del arte universal con la ciencia, también el conocimiento vale más por el método empleado para alcanzarlo que por la verdad descubierta. Las cosas, y con ellas los conceptos y verdades establecidas, están en proceso de un cambio continuo, cuya comprensión exige también un dinamismo mental semejante, el cual, lamentablemente, no es común y menos en los fanáticos que se dicen revolucionarios. Demanda la capacidad de investigación que es inherente a la ciencia. Es por eso que la epistemología, más estable, tiene un valor universalmente reconocido.

 También el conocimiento científico hace camino al andar.

El libro busca alumbrar nuevos caminos sin pretender señalar rutas preestablecidas,  sabiendo que vale más abrir nuevos senderos para avanzar que detenerse en las llegadas.

Nos aferramos, así, quizá utópicamente, al deseo de compartir con todos el anhelo que, creo es, o puede ser, también de todos: construir en paz un futuro de bienestar para todos. La utopía del desarrollo humano no está en las estrellas, brilla y se la puede sentir al alcance de la mano de la sociedad actual, gracias a los maravillosos instrumentos del progreso que permiten difundir el conocimiento y expandir las libertades para construir superando defectos, sin necesidad de matar a nadie, sin robar, sin mentir, sin engañar, sin explotar y, sobre todo, siendo leales con unos y  otros, sean o no amigos.

El derecho a la salud no se limita a un enunciado legal. Por respetables que sean los  parlamentos, involucra cambios no sólo en aspectos fenoménicos, jurídico legales, sino en la esencia misma de lo que son los derechos y en la nueva conceptualización de la salud, y la enfermedad. Por supuesto que exige también que el Estado sea un "Estado de Derecho”, con sus tres poderes independientes, sólidamente institucionalizados y que respete todos los derechos humanos que, por definición, son indivisibles y se potencian unos a otros. Que sea, además, un Estado que defienda el medioambiente y las relaciones sociales de producción, buscando constante y prioritariamente el desarrollo humano de la generación actual y de las venideras.

 El derecho a la salud es -como llama Aznar- un derecho prestacional que obliga a quien lo otorga, el Estado, a garantizar con financiamiento y organización adecuada la protección y recuperación de la salud en todas las circunstancias que se presenten en la vida de todas las personas. No es suficiente declararlo como derecho, es necesario, además, no sólo sostenerlo, sino sustentarlo,  económica y administrativamente. 


Javier Torres Goitia Torres fue ministro de Salud.

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