Poesía, allá donde se la encuentre

viernes, 28 de octubre de 2016 · 00:00
La elección de Dylan para el Nobel de Literatura ha causado reacciones dispares. Por un lado, el propio Bob se estará preguntando si quiere disfrazarse para que unos señores ceremoniosos le cuelguen una medalla que no ha buscado con un cheque que no necesita. 

Al otro lado estamos los amantes de la poesía; unos celebrando el premio como reivindicación de un gusto de siempre, otros como señal de que con el premio la literatura rompe fronteras, y los puristas que no logran sacudirse la incomodidad de ver un Nobel pop. 

Admito mi preferencia por la última posición, pero escribo esto no para defenderla, sino para ver si en última instancia entendemos lo mismo por literatura y por el sentido del premio. 

En la ausencia de criterios comunes  no hay discusión posible; lo que es una pena. Un premio literario debería servir para generarla. Es el único derecho que tenemos. La academia sueca es libre de premiar a quien le plazca, y de equivocarse. Al final, un premio más o menos no le quita nada a Borges, Tolstoi o Pessoa, ni le añade a Dylan. Son premios nada más.

Algunos de los que festejan el Nobel para Dylan creen que es buena la democratización de la literatura; ya sea porque el mero gusto vale como criterio, o porque se expande esa forma de arte, para alcanzar a cantautores, danzautores, pintautores, etc.

Una forma de arte no se hace posible sólo porque es políticamente deseable. Más que celebrar su posibilidad, se debe enunciar los parámetros para medir su calidad. De lo contrario, no tenemos más que una forma de expresión humana (legítima, por cierto) donde vale todo. 

Si, como dice un crítico, "pasión es poesía”, todo adolescente enamorado es un poeta. Los cursis nunca saben que lo son; lo mismo pasa con los malos poetas. La poesía es un arte muy fácil o muy difícil, según lo que se espere de ella. 

Tal vez sea una situación democráticamente deseable: sin privilegios para los genios y los dotados: el arte al alcance de todos. Pero es un arte donde ya no podemos hablar de bueno y de mejor; una situación donde el crítico está desarmado, donde todo es arte y nada es arte, y mi gusto vale como el tuyo. 

Al otro extremo está la posición elitista que afirma como Calvino que "la literatura permanece viva sólo si nos planteamos objetivos inmensurables, más allá de toda posibilidad de realización”. En literatura, la poesía es la forma más exigente, la que no tolera la oquedad, la imprecisión, la línea débil, la repetición de lo sabido, de lo ya dicho y hecho. 

A esta tradición poética de occidente pertenecen desde Homero y Petrarca hasta Vallejo, Rilke, Lorca y otros que han hecho que la poesía alcance y mantenga la cima durante tres mil años. No veo por qué renunciar a ello. ¿Tiene Dylan méritos poéticos para sumarse a esa tradición? No me califico para defenderlo o cuestionarlo. 

Dylan tiene letras banales y letras geniales, y expresa los sentimientos de una generación de manera no trivial. ¿No trivial lo bastante, original lo bastante, bello lo bastante para recibir el premio Nobel? Eso es lo que tienen que responder sus defensores con ejemplos. Como dijo Orwell "los santos son culpables hasta que no se pruebe lo contrario”. Lo mismo se puede decir de los poetas: son mediocres hasta que demuestren lo contrario.

Si me dan a escoger entre "¿Cuánto tiempo tiene que estar un hombre buscando antes de ser considerado un hombre? La respuesta, amigo mío, está volando en el viento” y "Volver a los diecisiete es como descifrar signos sin ser sabio competente, volver a ser de repente tan frágil como un segundo, volver a sentir profundo como un niño frente a Dios”, me quedo con Parra.

Pero eso no prueba nada: estoy seguro de que hay contraejemplos. Son meras preferencias. El hecho es que hay en la música popular letras que pueden ser consideradas poesía, pero son raras como oro en la paja.

¿Qué es pues poesía? No ofrezco respuesta. No hay una sola, universalmente aceptada. Pero me pongo con los elitistas que exigen de la poesía cualidades de pensamiento, lenguaje y originalidad difíciles de alcanzar. 

Evolutivamente, antes de saber describir y argumentar, el hombre ya metaforizaba e imaginaba.
 
El lenguaje era imperfecto, pero poderoso. Reclamar una poesía que guarde esa cualidad imaginativa, metafórica y poderosa niega la decadencia del lenguaje en aras de la velocidad, la percusión y la televisión. Pero es de la poesía huir de una realidad a otras, y es misión de los poetas redefinir lo que es belleza en cada generación. 

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.

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