La estrategia de encarcelar a Samuel

lunes, 31 de octubre de 2016 · 00:00
La economía no va bien y, consecuentemente, el Gobierno va mal. Ante ello, el MAS responde: dedica la política a la represión y la economía a pedir plata prestada de la China. En grandes líneas, he ahí la agenda gubernamental para el resto del viaje.

 En efecto, el Gobierno intenta disimular los tropiezos en economía cerrando el año con el proyecto de El Bala. Eso significa mucha plata china prestada y puesta en manos de los políticos del MAS. Y el Gobierno intenta superar su declive político profundizando la represión y, como muestra de ello, metiendo preso a Samuel Doria Medina. 

Meter preso a Samuel Doria Medina significa tres cosas políticas. Primero, es una medida preventiva: así evita que Doria Medina impulse la campaña del No al proyecto de El Bala.
 
Segundo, es un castigo ejemplarizante: Doria Medina compitió contra el MAS en 2014 (sacó el segundo lugar con más de un millón de votos) y luego participó en la campaña del No a la reelección en febrero de  2016. Castigarlo ahora es mostrar que a los críticos hay que darles palo. Pero no sólo es un castigo ejemplarizante ante los que hacen política, también es una amenaza ante cualquier boliviano que ponga un emprendimiento: pueden invertir, pero con la boca callada. 

Los del Gobierno anuncian la acusación contra Doria Medina el mismo día en el que este empresario y político boliviano anunció la mayor inversión privada boliviana en el sector turismo en la  historia del país (por cierto, el turismo es la economía alternativa a la economía extractivista que postula el MAS). 

Tercero, encarcelar a Doria Medina es dar vida y energía a un proceso de represión política que viene de largo, y que hoy, ante la debilidad interna y externa del populismo, necesita renovar odios y profundizar la polarización. Un proceso de represión que este año ha llevado al Gobierno a atacar con cientos de juicios, insultos y amenazas a los periodistas más notables de Bolivia, a Tuto Quiroga, a Carlos Mesa, a los obispos y a otros tantos bolivianos que simplemente no apoyan las ideas y planes del MAS.

Hoy tenemos un país en crisis económica. Con una deuda interna y externa disparada, con un crecimiento del PIB en caída, con  ingresos estatales decrecientes, con las reservas disminuyendo, con el índice de hambre más alto de Sudamérica, con la represión más fuerte en el cobro de impuestos a los pocos pequeños y medianos empresarios que tributan, con uno de los índices de dificultad más altos de Latinoamérica para poner una nueva pequeña empresa. 

Tenemos un país con el problema del desempleo y del empleo precario como uno de los principales temas de preocupación de la gente. Tenemos un país con la inseguridad ciudadana y el narcotráfico al alza, y con uno de los niveles de corrupción más altos del planeta. Tenemos, en suma, un país con muchos problemas muy graves. Y en medio de semejantes problemas, el Gobierno, no tiene mejor iniciativa que mandar arrestar, por razones políticas, a uno de los creadores de empleo y oportunidades más destacados de Bolivia. Y además, el plan de arrestarlo se hará con la ayuda inestimable de jueces y fiscales que, ya se sabe, obedecen al Gobierno.

 La estrategia de encarcelar a Samuel Doria Medina no funcionará  para mejorar la situación política del Gobierno. Y la razón de fondo es que arrestar y perseguir a la gente por razones políticas no beneficia a la comunidad ni al bienestar de los pueblos. Al contrario, la prosperidad siempre es obra de los pueblos y los gobiernos que respetan e impulsan la libertad.

Elizabeth Reyes fue diputada y activista en derechos humanos.

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