Tábano

¿Una selfie? No, mejor no

martes, 4 de octubre de 2016 · 00:00
Es el tiempo de las redes sociales, es el tiempo de las selfies, es el tiempo de publicar lo que hacemos y con quién compartimos la vida.  Es el tiempo virtual.

Sin embargo, no todos pueden salir en la foto con todos, no todos pueden darle un like a todo lo que les parece bueno, no todos pueden chequearse en los aeropuertos, no todos pueden mostrar las fotos del último viaje que hicieron.

Últimamente, los funcionarios públicos o aquellos que tienen alguna relación contractual con el Gobierno, o al menos guardan la expectativa de conseguir alguna consultoría, prefieren no aparecer en las fotos con los amigos de siempre porque temen ser acusados de estar almorzando, cenando o durmiendo con la derecha.

¿Nos tomamos una selfie? No, mejor no. Es una respuesta no de rechazo, sino de prudencia ante la posible represalia que puede llegar del jefe, del compañero del partido, del dirigente sindical, del dueño de las consultorías.

Y, si de todas maneras hubo una foto, ellos piden que no la subas a las redes "por favor”, y si de todas maneras alguien la publicó, siempre se puede borrar la etiqueta. 

Ante el asedio muchos se han clonado virtualmente a sí mismos para despistar al jefe. En una cuenta figuran con el nombre propio y publican las actividades de cualquier militante promedio: concentraciones populares, desfiles cívicos, k’oas a la Pachamama, likes o retuits a los mensajes del jefe, boletines de la oficina donde trabajan y alguno que otro ataque a los que consideran "opositores”, aunque éstos sean amigos. 

En una cuenta diferente se cubren con un antifaz virtual y aparecen con el nombre cambiado o con algún pseudónimo para ser más libres. Desde este espacio hasta podrían dar likes y comentar las ocurrencias de los mismos amigos "opositores” a los que atacaron en la otra cuenta. 

Ocurre esto porque los likes se controlan celosamente en hacinados departamentos de informática que existen en las oficinas públicas. Un like equivocado puede provocar desde una llamada de atención hasta un memorándum de despido, como quedó comprobado en el último proceso electoral.

Este distanciamiento virtual, en muchos casos, ha derivado también en el distanciamiento real. Hay viejos amigos que ya no se ven, se bloquean en las redes sociales o discuten hasta que un día dejan de hablarse. Hay quienes no soportan la presión y "se suicidan” virtualmente eliminando sus cuentas de Facebook o Twitter. 

En mi caso, siempre he tratado de separar las aguas. El trabajo está por un lado y los amigos y la familia por otro, en una especie de burbuja a la que no entra la política.

Sin embargo, no siempre es posible.  Conozco casos de amigos que dejaron de serlo, de hermanos que dejaron de hablarse,  de novios que dejaron de amarse.

Esto que dolorosamente sucede en la vida diaria, también ocurre en las relaciones profesionales. Si no estás alineado con el proceso de cambio, no te contratan para una consultoría, no te dan ese premio que mereces, no te invitan a una entrevista,  no te convocan a ciertos eventos.

Conozco  el caso de un activista de internet que estaba organizando un foro, al que le recomendaron invitar a dos periodistas a los que el Gobierno considera opositores. Él se negó a hacerlo para, de esa manera, garantizar que alguna autoridad le diera realce a su evento.
Aunque no queramos admitirlo públicamente, las relaciones humanas están marcadas también por la política. Y, poco a poco, los bolivianos hemos dejado que esta histeria colectiva se meta en nuestras redes, en nuestras fotografías, en nuestra vida cotidiana.

Y, así, por preservar ese espacio de poder, ese contrato, por hacer buenas migas con el Gobierno, se renuncia al derecho a la amistad, al derecho a la libertad, al derecho a trabajar por tus méritos y no por tus credenciales políticas.

Esto no es Venezuela, donde las diferencias desde hace rato se resuelven a gritos y a golpes; esto es Bolivia donde, por prudencia, es mejor no salir en la selfie.

Mery Vaca es periodista.
Twitter: @meryvaca

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

241
10

Otras Noticias