Colombia y la paz deseada

jueves, 6 de octubre de 2016 · 00:00
El estrecho triunfo del No (por un 0,43% de diferencia con el Sí) se ha vivido de forma desigual en Colombia y en el resto del mundo. Algo similar ya había ocurrido previamente tras la firma de los acuerdo de paz cerrados en La Habana. Frente a la alegría exultante de la comunidad internacional, el escepticismo era la tónica dominante en buena parte de la sociedad colombiana.
 
Hoy la historia se repite y mientras numerosos medios europeos y latinoamericanos hablan del rechazo a la paz, en Colombia la idea dominante es la de que sólo estamos frente a un punto y seguido, y no a un punto final de un proceso que muchos consideran irreversible.

La cuestión decisiva del momento es cómo seguirán las cosas a partir de ahora y cómo reaccionarán los principales actores, comenzando por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, y siguiendo por las FARC, sin perder de vista a los expresidentes Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, y sus seguidores. En un primer momento, tras conocerse los resultados, la incertidumbre dominó la escena, aunque con el correr de las cosas las tensiones fueron disminuyendo.

 Pese al pesimismo inicial de algunos partidarios del Sí, finalmente pareció emerger la posibilidad de que el proceso fuera reconducido. Para que ello ocurriera fue fundamental la postura que adoptó el Gobierno, la oferta de diálogo del uribismo y la predisposición de los principales dirigentes de las FARC de no retornar al campo de batalla. La jornada del plebiscito se realizó con entera normalidad. El escrutinio fue rápido y, pese a lo ajustado del resultado, no hubo ninguna acusación de irregularidades, una señal adicional de la madurez de la democracia colombiana. 

Si bien algunos hablaban de polarización, especialmente los derrotados, la sociedad colombiana no parece estar al borde del abismo. Ergo, se abre ahora un proceso de profunda reflexión, que de ser bien llevado puede conducir a una paz más estable. Corresponde a la responsabilidad de los principales dirigentes llegar a un acuerdo sobre bases sólidas y negociadas. Si el presidente Santos anunció que la tregua bilateral e indefinida se mantiene; por su parte, el comandante de las FARC, Rodrigo Londoño Echeverri, conocido bajo el alías de Timoleón Jiménez Timochenko, insistió en el compromiso de su organización por la paz y la vigencia de las palabras en lugar de las armas. 

Para el presidente del Congreso, el único camino que le queda al país es la construcción de un amplio consenso para evitar la vuelta al monte de las FARC, una idea similar a la esgrimida por el exvicepresidente Francisco Santos, una de las principales figuras del uribismo.  Uribe también se sumó al tono generalizado de buenas intenciones. 

El resultado del plebiscito sorprendió a la comunidad internacional, a todos los actores, nadie tenía un plan B y todos debieron improvisar una vez que se hicieron públicos los resultados definitivos. Pese a ello, la paz sigue estando al alcance de la mano, y ahora con la posibilidad de que sea apoyada por el conjunto de los partidos y la sociedad civil. Recientemente, el presidente Juan Manuel Santos, con inocultable preocupación  expresó: "Estamos en una zona gris y eso es peligroso para la paz, tenemos que escuchar a los que votaron por el No y también  a  los que votaron  Sí”. Es imperativo para   Colombia  no escatimar esfuerzo para concretar la paz y no quedarse con la duda. ¿Qué pasará después del 31 de octubre?

Marco Antonio Barroso Mendizábal es abogado, diplomático
 y catedrático.

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