Tábano

Foquitas vs. alfombritas

martes, 1 de noviembre de 2016 · 00:00
Nadie espera que los ministros del Gabinete presidencial salgan censurados y que, de inmediato, sean destituidos cuando concurren a una interpelación en la Asamblea Legislativa. Eso es constitucional, es democrático, pero políticamente es impensable en un gobierno poderoso como el del MAS, cuyo objetivo es la preservación y ampliación del poder.

Al menos se espera que la Asamblea Legislativa desempeñe su rol fiscalizador y que los ministros cumplan con su deber constitucional de transparentar la información de sus despachos para los legisladores y, a través de ellos, para el país.

Ninguno de los dos objetivos está siendo cumplido. Por el contrario, en el último tiempo estos actos de fiscalización han caído en la banalización de parte de oficialistas y opositores que se toman el evento como una chacota. 

El claro ejemplo de esta situación fue la reciente interpelación a la ministra de Comunicación, Marianela Paco, quien se dio el lujo de no contestar a cuánto asciende el gasto en propaganda gubernamental. Con la arrogancia de quien se considera poderosa e impune, mandó a los opositores a investigar por su cuenta.

Lo que Marianela Paco hizo en la Asamblea Legislativa no es un revés a la oposición, sino a la ciudadanía, que tiene derecho a estar informada sobre el manejo de su dinero.

Ella, que enarbola el derecho a la libre información para justificar el millonario gasto publicitario, debería saber que al ocultar datos sobre el manejo del dinero público está violando el derecho ciudadano a la información.

Los dos tercios de votos son un mecanismo creado por la democracia para darle equilibrio y pluralismo al ejercicio del poder. Sin embargo, como el MAS tiene dos tercios de votos, exceptuando el primer periodo gubernamental, el espíritu de la fórmula ha caído en desuso. Los ministros acuden a las interpelaciones a sabiendas de que serán aplaudidos y aprobados sin importar lo que tengan que decir.

Ante la incapacidad de encarar un efectivo mecanismo de fiscalización, los opositores han optado en el último tiempo por el show  para no pasar inadvertidos. Algunos de ellos acudieron disfrazados de militares para increpar al ministro de Defensa, Reymi Ferreira; otros llevaron alfombras para incomodar al ministro de Economía, Luis Arce, y no faltó el que concurrió vestido como un árabe para escenificar el contrasentido  de querer comprar alfombras persas en un país  donde hay expertos tejedores. Pero es también absurdo que el diputado opositor se conforme con dar un espectáculo en lugar de fiscalizar y que 11 parlamentarios planteen la interpelación y sólo cinco de ellos asistan a la sesión.

Los oficialistas siguieron la corriente del show al asistir portando una foca amarilla de cartón para recordar que Samuel Doria Medina está acusado en el caso FOCAS.

Foquitas contra alfombritas, eso nomás es lo que recordamos de las interpelaciones del sábado, porque el contenido... ¿para qué sirve el contenido si igual el ministro será aplaudido?

La raíz del asunto se encuentra en el mismo presidente Evo Morales, quien, en un acto de soberbia, y haciendo referencia al periodo en el que el MAS no tuvo dos tercios de votos, dijo que un ministro que no es censurado por la derecha debe ser cambiado.

Así se puede entender por qué Nemesia Achacollo, en 2015, recibió el voto de confianza de la mayoría oficialista y salió aplaudida cuando fue interpelada por la corrupción del Fondo Indígena.
 
Un año después fue llevada a prisión.


A partir de ese hecho, el oficialismo, en el Congreso, se cuida de no caer en el ridículo de conceder un "voto de confianza” y opta por lo que llama "orden del día puro y simple”, que significa que nada cambia y que la autoridad ministerial, que se lava las manos como Pilatos o nos cuenta su angustia, se queda en el cargo.

Con esa frase presidencial también se comprende que el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, haya utilizado la interpelación para atacar a los medios en vez de explicar por qué Gabriela Zapata se hizo rica de la noche a la mañana siendo gerente comercial de CAMC, la contratista del Estado. Y, por supuesto, también fue aplaudido y aprobado.

Ahí está la explicación de que el Ministro de Defensa haya reconocido actos de corrupción en el Ejército y la FAB y que haya salido, también, aprobado y aplaudido.

O que el Ministro de Economía haya dicho que no contrató a artesanos bolivianos porque no tenían ISO y porque "tampoco podemos comprar cualquier cosa, como en el pasado”. Así y todo salió aplaudido y aprobado.

Los asambleístas se han convertido, entonces, en una máquina de aplaudir y aprobar, y han perdido su capacidad de fiscalizar e, incluso,  de sonrojarse.  

Mery Vaca es periodista.
Twitter: @meryvaca

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