El hombre y el espejo

lunes, 14 de noviembre de 2016 · 00:00
Los cuentos de hadas contienen verdades profundas.  Como en Blancanieves, los espejos pueden mostrar la verdad o lo que uno quiere ver, distorsionando la realidad.  Cada persona se mira en un espejo propio, donde ve lo que desea o lo que teme.  Las personas no se limitan al cristal; también se miran en el espejo del alma, donde afloran sus dudas y deseos, su narcisismo, sus complejos o su vanidad.  Algunas no pueden ver lo feo y solamente buscan un reflejo de perfección; otras no pueden reconocer su valor y sólo ven defectos, falencias, decadencia y dudas.  El espejo cambia, pero también nos cambia.

 Como en el cuento, el espejo muestra una verdad que no es la única verdad.  Puede mentir.  El gordo se ve sin panza; el tonto se ve inteligente; la vieja no ve sus arrugas, y Donald Trump sólo se ve como brillante, como el superhombre de una película de acción que al flexionar los bíceps convierte sus deseos en realidad.  Tan fuerte es su vanidad, tan arraigada su convicción, que ha contagiado a millones de seguidores.  Ellos creen en esa imagen y habiéndose mirado anteriormente en espejos de frustraciones, se creen ahora mejores, superiores, más blancos, más poderosos; se ven como seres privilegiados a quienes se les debe prosperidad sin esfuerzo por ser "americanos de verdad”.  
 
 Decir que Estados Unidos "volverá a ser grande” resultó  suficiente para Trump y con decir que "él sabe cómo hacerlo” sus fanáticos creen que sus sueños se harán realidad, incluyendo muros, deportaciones, rechazos y discriminación contra lo que consideran "ajeno”.  Trump se mira en el espejo de la vanidad y se ve maravilloso.  Increíblemente, ha logrado que sus seguidores también lo vean así y que hoy se sientan envueltos en un poco de su magia.  
 
 Debe ser el hombre más feliz de la tierra. Por ahora. Y se ha ganado esa felicidad, así como ha ganado la elección.  No podemos minimizar ni su peso, ni lo que representa; no podemos encogernos de hombros y seguir como si nada. Lo sucedido tendrá efecto en su país y el mundo.  Es innegable. Sin embargo, debemos resistir el contagio.  Mirarnos en ese mismo espejo sería destructor.
 
 Si llegamos a contemplar nuestras vidas pensando: "Trump tiene razón… los latinoamericanos somos inferiores, ignorantes, asesinos, violadores, narcotraficantes y… morenos”, estaremos corroborando su filosofía de exclusión.  Mirarnos en ese cristal racista y discriminador, admitiendo que deberíamos ser más blanquitos, más rubiecitos, más gringuitos, sería desolador. 
 
 A pesar de querer mucho a los Estados Unidos, país donde viví largos años; pese a reconocer su enorme poder, me niego a entrar a esa visión de engaño. No creo que deberíamos hablar solamente en inglés, ni llamar a nuestros hijos Melania y Donald, ni vestir Banana Republic y despreciar a quien es moreno o diferente.  Sería terrible entrar en la lógica Trumpista. 
 
 Lo increíble ha sucedido. Trump está listo para actuar.  Pronto comenzará a deportar, intentará construir su muro.  El muro caerá o no se completará, pero lo que representa seguirá erguido y de pie mientras nosotros no demostremos con realidades (y no declaraciones vacías) nuestro valor y la belleza de nuestra diversidad.  Si aceptamos su valoración, nos disminuimos.  Engrandecemos su victoria si nos encogemos ante sus prejuicios.  Si le damos la razón, perderemos nuestra cordura.  

Lupe Andrade Salmón es periodista.

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