Tábano

Un derecho humano que se vende en cisterna

martes, 15 de noviembre de 2016 · 00:00
El agua es de esos bienes que sólo valoramos cuando no tenemos. Mientras la represa está llena y el chorro del grifo es potente e interminable no reparamos que un día puede escasear.
Ese día, el de la escasez, llegó a muchos lugares del mundo y también a las ciudades de Bolivia, donde se aplican severos planes de racionamiento para evitar que el agua se acabe antes de que lleguen las lluvias del año.

En el caso de La Paz, el desordenado racionamiento aplicado por la Empresa Pública Social de Agua y Saneamiento (EPSAS) ha desatado la ira de los ciudadanos, que protestan no sólo por la falta de agua, sino también por la ineficiencia y la ausencia de previsión de parte de la empresa, por el incumplimiento de los planes anunciados y hasta por la pobre estrategia comunicacional de la entidad. 

EPSAS, que es una empresa pública, es culpable de todo eso y seguramente de otros achaques de más grueso calibre, como la corrupción y hasta el desperdicio del 45% del agua que, en vez de llegar al usuario, se pierde en filtraciones. Sin embargo, el problema sobrepasa a la precaria administración estatal en el manejo del agua (EPSAS es una empresa pública y está intervenida) y tiene que ver con aspectos más estructurales como el cambio climático, la falta de previsión nacional para encarar el problema y la ausencia de una cultura del ahorro de parte de los ciudadanos. 

El presidente Evo Morales pareció comprender la dimensión del problema el año 2010, cuando promovió en Naciones Unidas la declaratoria del agua como un derecho humano.

El 28 de julio de aquel año, la Asamblea General de Naciones Unidas reconoció  el derecho humano al agua y al saneamiento básico.  La resolución exhortó a los Estados y organizaciones internacionales a proporcionar recursos financieros, a propiciar la capacitación y la transferencia de tecnología para ayudar a los países a proporcionar un suministro de agua potable y saneamiento saludable, limpio, accesible y asequible para todos.

Siendo el presidente Morales el promotor de tan importante resolución, se esperaría que dé el ejemplo en su propio país y que oriente sus prioridades hacia el cumplimiento de este derecho humano. 

Sin embargo, declaraciones del propio mandatario en sentido de que no se han tomado previsiones, ni en el campo ni en las ciudades para afrontar la sequía, demuestran que eso no ha sido así. Si bien el Gobierno ejecuta programas denominados "Mi agua” y "Mi riego” con apoyo internacional, en el país también proliferan las canchas de césped sintético, los monumentales estadios deportivos, los lujosos edificios; mientras seis de las nueve capitales sufren por la escasez de agua. 

La ciudad de Cochabamba, que hizo una guerra del agua el año 2000 y cuyo problema de aprovisionamiento es de larga data, durante este 2016 soporta un plan de racionamiento que ya lleva ocho meses. Y allá, sin rubor, el agua se vende en cisternas privadas o de la Alcaldía que recorren los barrios más afectados.

Las cisternas privadas venden el turril de agua a siete bolivianos y las cisternas de la Alcaldía venden la misma cantidad a tres bolivianos y, además, le llaman "tarifa solidaria”. 

Y así, sin más anuncio que la bocina de la cisterna, el agua se ha convertido en un derecho humano que se vende, incluso por parte de una institución pública, como es la Alcaldía de Cochabamba.

En el caso de La Paz, los cortes han  obligado a la gente a hacer grandes gastos en agua embotellada, en comida de restaurante a limpiarse con pañitos húmedos en vez de bañarse o a correr a la casa de algún afortunado amigo que aún tiene agua corriente para tomar una ducha de vez en cuando.

La molestia ciudadana debería servir para hacer un llamado de atención sobre las prioridades de la agenda gubernamental, pero también para tomar conciencia individual sobre el uso del agua. Ya no son tiempos de manguerear los autos y las aceras ni de regar grandes huertas con agua potable. Son tiempos de reutilizar y de hacer conciencia de que el agua es un bien finito.

Es necesario que La Paz se libre, de una vez por todas, de la ineficiencia de EPSAS. Es preciso que las autoridades reenfoquen sus prioridades. Es primordial que los ciudadanos aprendamos a usar el agua con moderación. Es urgente que evitemos otra guerra del agua en Bolivia.

Mery Vaca es periodista.
Twitter: @meryvaca

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