El fenómeno Trump y la imposibilidad matemática

miércoles, 16 de noviembre de 2016 · 00:00
Con el mundo aún conmovido por la victoria de Donald J. Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, es necesario pensar en sus posibles significados.

 Todo el mundo daba por sentado que este escenario era matemáticamente imposible, esto nos sirve como lección para comprender que en procesos electorales nada está dicho hasta que se cuente el último voto. Pero además, debe ser un proceso aleccionador para la fe ciega en las encuestas y modelos, que a lo largo de este año han decepcionado tanto –desde el Brexit, el acuerdo de paz en Colombia, hasta esta elección–, demostrando así que confiar plenamente en ellos es tan útil como entregarse enteramente a la quiromancia: lección que aprenderán una vez más los mercados globales.

 Ahora bien, parece pertinente empezar considerando a los electores de Trump y descartar de entrada la posibilidad de encasillarlos como idiotas o dementes. En definitiva, debemos comprender que un fenómeno más grande y más complejo subyace a este suceso. No todos los electores de Trump son sexistas, xenófobos y racistas, aunque un número considerable posiblemente lo sea. En definitiva, lo que debemos considerar es que la victoria de Trump es la victoria del Estados Unidos wasp (término utilizado para referirse a los americanos blancos, anglosajones de fe cristiana). De todo ese conjunto de personas, dejadas de lado ante la priorización de las demandas y extensión de derechos a las minorías, es que surge este sentimiento que capitalizó Trump en el Make america great again. 

 Esto puede verse claramente graficado en el espacio mayoritario en el que creció el voto al Partido Republicano y, por lo tanto, la candidatura de Trump: la población blanca, sin educación universitaria. El Washington Post lo hizo manifiesto: "Seis de cada 10 norteamericanos no cuentan con un título universitario”, y son quienes principalmente optaron por Donald Trump.  Y aquellos con una educación universitaria formada, no sólo fallaron en prever este fenómeno, fallaron en tener una comprensión, al menos rudimentaria, de la visión del mundo, y el país que tienen.

 Para Eugenia Mitchelstein, un factor clave a considerar en esta elección, con un Clinton como protagonista, fue la economía, yet again: aunque en 2015 aumentaron los ingresos de los americanos de todos los quintiles, igual que el nivel de aprobación de la administración de Barack Obama, no se tomó en cuenta la creciente desigualdad en Estados Unidos, que la administración Obama no logró reducir.

 Por supuesto, otro factor que debemos considerar es el Colegio Electoral, a través del cual se elige al Presidente de Estados Unidos. El Colegio sobre representa a zonas menos pobladas frente a las grandes ciudades, que tradicionalmente votan por los demócratas. Esto pone sobre la mesa que quizás el verdadero eje de la discusión para las elecciones norteamericanas sea el urbano-rural. De esa manera,  tenemos una segunda elección –después de la de Al Gore, en 2000–, donde un candidato demócrata obtendrá más votos que electores. Por lo que Hillary habría ganado el voto popular, pero perdido la presidencia.

Éstos son algunos factores que debemos considerar al pensar en la victoria republicana de estos comicios y dejar de reducir el suceso a una victoria otorgada por gente idiota o demente. Sobre todo, considerando que en los próximos 11 meses, Francia y Alemania tendrán sus propias batallas frente a fenómenos similares.


Pablo Ivankovich Ortler estudia ciencias políticas.

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