Fracasos de un expresidente

lunes, 21 de noviembre de 2016 · 00:00
En un reciente artículo Juan Antonio Morales (JAM), expresidente del Banco Central de Bolivia (BCB), realiza afirmaciones sin sustento. Para empezar, existe una profunda contradicción entre el título del artículo El Ministro que no compraba cualquier cosa y su contenido que divaga acerca de recetas que no pudo aplicar mientras estuvo al mando de la economía del país. Salvo que pretenda realizar curiosas inferencias a partir de un hecho administrativo aislado.
 
El Gobierno nacional tiene un firme compromiso con la industria boliviana. Como se ha explicado reiteradas veces, la razón por la que la crisis internacional no ha afectado al crecimiento del país estriba en el fortalecimiento de la "demanda interna”. Es ilógico pensar que siendo una de las bases centrales del modelo haya la intención de ir en contra ruta a este proceso. Era en los tiempos neoliberales cuando se pensaba que no había esperanza en el mercado interno y que el único camino posible era el de "exportar o morir”.
 
Es saludable que JAM reconozca el papel de la industrialización; sin embargo, como lo demostró en la práctica, sus recomendaciones carecen de sustento. Propone contar con un "tipo de cambio real competitivo”. A la usanza del siglo pasado considera que las devaluaciones son un buen sustituto del incremento de la productividad (que es lo que determina en definitiva una adecuada inserción internacional). La prueba está en que en la gestión de JAM las devaluaciones fueron la constante con ningún resultado en las exportaciones.
 
Premeditadamente olvida que para fomentar la industrialización se requiere contar con una moneda fuerte (con el fin de no estar sujeto a las veleidades del dólar). En este aspecto, es curioso el vaivén de JAM  que pasó de apoyar la dolarización completa del país, a intentar "bolivianizar” la economía. En octubre de 2002 amplió el "diferencial cambiario” entre el tipo de cambio de venta y el de compra. Fue un rotundo fracaso y, en medio de la pesadumbre generalizada, tuvo que ser rescatado por el propio Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL) quien ordenó el retiro de la medida. 
 
Otro tanto ocurre cuando recomienda la "flexibilidad en el mercado de trabajo”. Fiel al ideario neoliberal aplicó su recomendación en su gestión. Entre 2001 y 2005 el salario mínimo nacional aumento en apenas 40 bolivianos (pasó de 400 bolivianos a  440 bolivianos en cinco años). El resultado fue un nuevo fracaso. Salarios bajos redujeron la demanda interna, frente al embate de la crisis externa el modelo neoliberal hizo aguas y se derrumbó estrepitosamente.
 
La explicación de tantos fracasos no hay que encontrarla en la falta de credenciales académicas de JAM, sino en el hecho de que frecuentemente subordinó las decisiones técnicas a las políticas. Una prueba está en que, como denunció en su momento el diputado René Ramos, en la  madrugada del 14 de febrero de 2003 (en medio de la Guerra del Gas) JAM autorizó la apertura de una bóveda del Banco Central de Bolivia (BCB) para retirar una cantidad desconocida de dinero. Aspecto que, por supuesto, rompía toda la normativa del instituto emisor y además implicaba claramente que el BCB no era independiente de GSL.
 
Para finalizar, valga apuntar que desde 2006 el Estado boliviano se está fortaleciendo. Ello implica que se construyan nuevas infraestructuras y las mismas sean equipadas adecuadamente. Ya no son los tiempos en que se pensaba reducir al Estado a la mínima expresión. En dicho camino el compromiso con la industria nacional está presente. Baste recordar que la normativa actual privilegia la compra, por parte del Estado, de bienes y servicios nacionales, con especial énfasis en el apoyo a las microempresas, y la Ley de Servicios Financieros con tasas de interés y condiciones convenientes a favor de los productores nacionales.
 
Dudar de todo ello a partir de un hecho aislado no muestra la rigurosidad que debería caracterizar a un académico universitario.

Jaime Durán Chuquimia es economista.

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