Plegarias al santo mercado

martes, 29 de noviembre de 2016 · 00:00
 Según un artículo recientemente publicado en un matutino de circulación nacional que titula "Plegarias fiscales”,  el déficit fiscal de 7,8% del Producto Interno Bruto (PIB) proyectado en el Presupuesto General del Estado  (PGE) 2017 generaría riesgos para la economía debido a su composición y su financiamiento. Sin embargo, este artículo deja de lado algunos aspectos relevantes que me gustaría recordar y poner en conocimiento de los lectores. 

 Se menciona que el gasto corriente es elevado y se sitúa en 44,6% del PIB en 2017, pero le faltó explicar que el gasto corriente sin Empresas Públicas apenas llega al 27,4% del PIB y se ha mantenido constante desde 2005, cuando se situaba en 27,0%. Por otro lado, es importante mencionar que la segunda fuente de ingresos fiscales son las empresas públicas, que representan el 38,7% de los ingresos totales del PGE consolidado; es decir, si bien éstas han generado un aumento del gasto corriente, también se han transformado en una importante fuente de ingreso del sector público.

 Asimismo, el resultado fiscal del sector público es cualitativamente diferente del observado en periodos anteriores a 2005, debido a que éste no se debe al gasto corriente. Sólo para recordar mi estimado lector, entre 2014 y 2015, años de déficit del Sector Público No Financiero (SPNF), el resultado fiscal corriente,  es decir, ingresos menos gastos corrientes, continuó mostrando superávit en términos del PIB de 15,7% y 10,4% respectivamente; es decir, el déficit es determinado por otro tipo de egreso denominado inversión pública.

 Otro aspecto que llama la atención del artículo mencionado es su preocupación por el alto nivel de inversión pública programada para 2017. Sólo como ejemplo, qué pasaría si se hace caso a las recomendaciones realizadas por algunos analistas y dejáramos de invertir; nuestro resultado fiscal cambiaría radicalmente, de un déficit de 7,8% a un superávit de 8,0% del PIB. Este resultado sería seguramente aplaudido por la oposición, pero generaría mucho desempleo y menor producción, lo que nos lleva a la siguiente interrogante: ¿es bueno recortar la inversión pública a costa del crecimiento?, la respuesta es no y claro está que el ejemplo que planteo no es realista, pero ésa es la relación que existe entre la inversión pública y el crecimiento.

 Al final de cuentas, lo que quiero es mostrar que no todo déficit fiscal debe ser signo de preocupación y digno de trasnochadas, pues antes de hacer una evaluación de ella debemos   analizar su composición y naturaleza, y no sólo enfocarnos en el dato. Me atrevo a decir que hoy estamos frente a un escenario de mayor inversión pública que genera déficits fiscales temporales, planificados pensando en el mediano y largo plazo. 

 Otra inquietud que se puede observar en el mencionado artículo es del financiamiento del déficit fiscal 2017, la cual, desde mi punto de vista, me parece muy artificial y especulativa; con sólo recordar que en los últimos años las fuentes de endeudamiento se han ido diversificando y que el ratio de deuda externa sobre PIB ha ido disminuyendo, cae por sí mismo el cuento trágico que hace sobre las Reservas Internacionales y los créditos chinos. 

 En el segundo caso me parece de vital importancia recordarle que la contratación de deuda tiene todo un procedimiento desde que se realiza la gestión de endeudamiento:  se contrata la deuda, llegan los primeros desembolsos y se comienza a pagar por ella. Entonces, cualquier recurso de deuda externa no llega de la noche a la mañana, haciendo que el ratio de endeudamiento se dispare, como "inocentemente” se plantea en el artículo mencionado, pero en la aritmética simplista y sesgada se puede omitir todos estos pasos.

 Para acabar, me parece importante mencionar que el autor del citado artículo parte de la hipótesis equivocada de que la economía boliviana es extremadamente abierta; es decir, depende del mercado y, por lo tanto, habría que esperar que la economía se rija a las leyes de la libre oferta y demanda, y, desde su lógica, tendríamos que levantarle plegarias y prenderle una velita al "Santo mercado de la mano invisible” para que éstos corrijan rápidamente los precios de las materias primas al alza y dinamicen la economía; sin embargo, la historia nos ha demostrado repetidas veces que el mercado por sí solo no resuelve los problemas económicos. 

Pablo Cachaga Herrera es economista.

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