Política exterior de Obama a Clinton o Trump

lunes, 7 de noviembre de 2016 · 00:00
Predecir cuál va a ser el legado de un presidente de Estados Unidos es una tarea complicada porque un legado no es algo estático y no hay más que ver cómo las reputaciones de algunos presidentes han oscilado a lo largo del tiempo. Los historiadores son particularmente escépticos sobre la posibilidad de determinar dichos legados cuando los mandatarios aún están en la Casa Blanca. 

 Obama llegó a la Casa Blanca con enormes expectativas sobre su presidencia, no sólo en su país sino en buena parte del mundo. Se comprometió a restaurar la dañada imagen de su país, a pesar de su poca experiencia en materia de política exterior, pero antes tenía que tratar de resolver dos guerras altamente impopulares, como las de Irak y Afganistán.

 Ha pasado mucho tiempo y a pesar de la dificultad que implica determinar el éxito o fracaso de las iniciativas en materia de política exterior de su administración, algunas podrán pasar a formar parte de su legado, entendido como aquellos logros que pasarán a la historia. Entre ellos podrían estar la mejora de las relaciones diplomáticas con sus aliados, el acuerdo con Irán sobre su programa nuclear, la relación con Rusia y las consecuencias de la invasión de Ucrania. 

 Se suma el impulso de varios acuerdos comerciales, el "reequilibrio” hacia Asia-Pacífico, la implicación en la lucha por el cambio climático, la política de no proliferación nuclear, la lucha contra el terrorismo global, la respuesta a las primaveras árabes, la guerra en Siria y el auge del autodenominado Estado Islámico, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba y las relaciones con Europa.

 Las próximas elecciones presidenciales del 8 de noviembre no sólo serán importantes para los norteamericanos, sino también para el resto del mundo. Tanto Hillary Clinton como Donald Trump apuestan por diferentes maneras de definir la posición global de Estados Unidos y su compromiso en el mundo.

 Estados Unidos sigue siendo el actor más importante en el ámbito internacional, presente en todas aquellas reuniones y mesas en las que se tratan de resolver las principales preocupaciones en el mundo, y suele ser clave para determinar la agenda internacional. 

 Gane quien gane las elecciones a la Casa Blanca, ambos buscan forjar una nueva política exterior del país, diferenciándose, en mayor o menor medida, de la administración anterior. El candidato republicano se ha subido al carro del aislacionismo; mientras que la líder demócrata apuesta por un liderazgo comprometido de Estados Unidos.

 A pesar que los retos domésticos a los que el próximo presidente deberá enfrentarse son una prioridad, son muchas y complicadas las tareas que se van a encontrar en el ámbito internacional y que tendrán que resolver. Quien suceda a Obama tendrá que negociar con una China que crece, una Rusia que resurge y una siempre amenazadora Corea del Norte. Tendrá que lidiar y negociar la paz en Siria, tener un plan para derrotar al Estado Islámico, sin apartarse de la lucha global contra el terrorismo, sin olvidar la crítica situación de Irak y Afganistán. También deberá verificar el acuerdo nuclear con Irán y darle una vuelta a la OTAN, y a las relaciones transatlánticas, entre otros asuntos. 

 Para la futura administración norteamericana, América Latina seguirá siendo "privilegiada” con la aplicación de la vieja doctrina Monroe del patio trasero o se limitará a profundizar alianzas con algunos socios estratégicos de la región, entre los que no figura Bolivia.

Marco Antonio Barroso Mendizábal es abogado, diplomático y catedrático.

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