La Haya, deseos y realidad

martes, 8 de noviembre de 2016 · 00:00
Bolivia, a decir de una alta autoridad de nuestro país: "Está tranquila y segura de su derecho de volver al mar con soberanía”. Tendría, además, a su favor: "La verdad (tan grande como una montaña), la razón, la historia, la justicia” y no se sabe cuántas cosas bonitas más en el juicio contra Chile que se sustancia en La Haya.

Si todo está tan meridianamente diáfano y prácticamente ganado, entonces ¿para qué tanto cachondeo?, una cuestión de mero trámite sería, porque a Chile, "haga lo que haga”, igual le irá mal.

Lo que a primera vista se percibe de tan simplista y pintoresca manera de ver las cosas, es algo de lo que se conoce como el "Wishful thinking” (largamente estudiado por los expertos en relaciones internacionales), proceso que consiste en una dinámica político-psicológica que parte de la construcción subjetiva de una realidad inventada y ficticia entre los deseos y los resultados, ignorando y negando información relevante que no se ajuste con esa ilusión; es decir, una especie de autoengaño que repercute en la toma de decisiones, en este caso, lo que se dice y hace sobre el reclamo marítimo boliviano.

El mundo real es distinto, no es como quisiéramos que fuere, ni como lo marca la  reiterada ensoñación y "fijación jurídica”, pues la solución final del delicado tema marítimo es diplomática y es política, y en ese campo se notan las falencias. Hay mucho por hacer.

Sin embargo, el primero que se creyó el cuento fue el presidente Morales, advirtiéndole a Chile que, antes de ser derrotado, mejor sería que negocie. Al parecer no escucha a sus asesores (algunos contados y con visión estratégica -los moderados y ubicados-), pero sí lo haría con los incendiarios; opción muy útil para vender humo con demagogia. 

Su última intervención ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU así lo confirmaría. Una verdadera "bolsa de gatos”; una provocadora mezcolanza de adjetivaciones, amenazas y acusaciones, cuyo único objetivo es indisponer a Chile.

De estratégico, nada; sólo las habituales justificaciones obsecuentes de un séquito incapaz de contener ciertos arrebatos impulsivos que dejan al descubierto carencias lamentables y sin cálculo, porque ensucian la imagen de Bolivia ante los jueces de la CIJ.

Ya el agente y el principal asesor internacional de Bolivia, a su turno, advirtieron de manera sensata, evitar escenarios de confrontación y, por el contrario, generar una buena tesitura al respecto; pero quizá el primer mandatario sea dueño de una personalidad ingobernable: hace, de cualquier forma, lo que mejor le parece.

Así como se ponderó lo bien hecho, resulta imperativo, ahora, demandar cordura a nuestras autoridades sobre el juicio, evitando los inconducentes pasos que últimamente se adoptan con pésima visión prospectiva.

Que de una verdadera planificación para una futura negociación (excepto Brotóns) nadie habla, ¿qué se va a hablar?, a lo mejor marginalmente, como esa casi "onomatopéyica” referencia a la "estrategia global, comunicacional y jurídica” que alguna vez se mencionó luego del 24 de septiembre de 2015.

Salvo que -en una de esas-, se tenga avances en total confidencialidad (como debieran siempre manejarse este tipo de asuntos). Pero, la duda razonable surge a la luz de lo que Bolivia está haciendo en política internacional respecto al litigio, que revela, desafortunadamente, la ausencia de una estrategia sagaz en materia político-diplomática.

Mientras tanto, continúa la inagotable antología de desvaríos entre dichos y hechos. Qué pena.

Gustavo Murillo Carrasco es abogado y diplomático. 

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