El agua, la descolonización y la pobreza millonaria

sábado, 10 de diciembre de 2016 · 00:00
El problema del agua en La Paz está lavando los barnices de nuestro crecimiento económico "insuperable” y del anuncio oficial de que nuestra economía es la mejor del continente, cuando los indicadores de desarrollo social nos colocan en los últimos lugares. 

Bolivia, precisamente por su retraso, es el país que proporcionalmente aumentó más sus ingresos en el periodo de auge, que infelizmente llegó a su fin. Paradójicamente, el aumento de los precios de las materias primas que exportamos sin valor agregado nos benefició más que a otros. Pero el beneficio se tradujo en una danza de millones de dólares a cuyo son bailó el populismo, aplaudiendo la compra de aviones de lujo, un satélite que lleva el nombre de Túpac  Katari, pero que no lo honra, el diseño megaproyectos faraónicos para perpetuar la memoria del cambio, aunque tal cambio de afortunados y fortunas aguaron las esperanzas de los que más trabajaron por él y se quedaron sin agua. 

  La eficiencia se mide por la mayor o menor producción de bienes o servicios obtenidos con una determinada cantidad de recursos. A mayor danza de millones debería corresponder un aumento de estos bienes; sin embargo, en la Bolivia del cambio los cambios se dan al revés. Para no repetir datos invitamos a leer a  Franceso Zaratti en su columna "El cartel de la ineptitud” (Página Siete. 03-12-16), las noticias que se publican a diario y, particularmente, las del último suplemento Ideas de Página Siete, artículos de René Pereira y Enrique Velasco.  

Por lo que nos dicen los economistas, Bolivia incrementó su Producto Interno Bruto de 9.549, en 2005, a 32.996 millones de dólares en 2014, casi el cuádruple. Los ingresos fiscales subieron de 54.676 millones de bolivianos, en el 2006, a más de 221 mil millones de para 2016. Todo gracias al aumento de precios de las materias primas que exportamos. Con semejante incremento de los ingresos, aún comprando el más caro avión para el Presidente, para el Vice y los ministros, se podía haber mejorado la salud, la educación y por lo menos garantizar el agua para la población. Sin embargo, cambiamos para atrás.

 La actual crisis del agua no es accidental. Organismos internacionales de reconocida experiencia alertaron oportunamente sobre la necesidad de ampliar las captaciones, porque el acelerado aumento de la población en El Alto y también en La Paz iba a incrementar el consumo. Se señalaron medidas para proteger los glaciares, pero seguramente nadie en el Gobierno sabía nada al respecto, el tema ni siquiera llegó a la categorías de "cara conocida”. 

Ya en 2010 se alertó sobre el efecto de la contaminación con residuos de diesel que perjudica la formación de glaciares y se sugirió que, por lo menos en La Paz y el Alto, se desincentivara el uso de ese combustible. En París, México DF y Madrid no circularán vehículos a diesel a partir de 2025.

Pero el "cártel de la ineptitud” no se manifiesta solamente en la crisis del agua. En salud la inversión del Estado para esta atención es la más baja del continente, era de 84 dólares por persona y por año, hasta que la movilización generada por el padre Mateo logró que suba a 92, en 2015. 40 veces inferior a la que gastan los países desarrollados. Pero, además, como la eficiencia también está entre las peores la mortalidad materna, la infantil, la neonatal son las más altas del continente. 

 En educación  también tenemos el presupuesto más bajo:  116 dólares por persona, año. El prestigioso periodista Guillermo Mariaca Iturri, en su columna, titulada "El genocidio boliviano” (Página Siete 26-08-16) hacía notar  que "el Estado continuará convirtiendo en zombies a los estudiantes con la terrible complicidad del sindicato de profesores”. Opinión basada en el resultado de una prueba tomada con herramientas y pautas de valor internacional. Los alumnos de La Paz obtuvieron resultados de 17% en matemáticas y 39% en lectura, siendo la puntuación media internacional de  62%.  

El cambio nos está haciendo regresar al Tahuantinsuyo, nos está "descolonizando” de los adelantos de la ciencia, la tecnología y también de las normas de aeronavegación con resultados catastróficos y, para peor, sin siquiera recuperar las inspiraciones creativas que tuvieron nuestros antepasados. 


Javier Torres-Goitia T. fue ministro de Salud.

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