Más pega para la Coca Cola

viernes, 9 de diciembre de 2016 · 00:00
Los dedos se apuntan para encontrar "culpables” por el desabastecimiento de agua y una tragedia aérea con dimensiones dantescas. En pocos casos la frustración se convierte incluso en racismo. Culpar a códigos genéticos (ADN), o a una cultura, por las desavenencias de un modelo de desarrollo es de extrema ignorancia. Pero apuntar la irritación hacia gobernantes muy bien intencionados es perder el bosque por los árboles.  La culpa no es de uno o de otro, es de la suma de políticas que hacen al modelo llamado "Socialismo del Siglo XXI”.

 La responsabilidad de la mala administración de los recursos del Estado, o de llevar a cabo un plan de vuelo descabellado, es una responsabilidad individual. Que no se me malinterprete. Pero existe una realidad que va más allá de la intencionalidad, capacidad de gestión o inversión de recursos en bienes cada vez más suntuosos. Y esa realidad es el mapa de navegación con el cual se pretende sacar a Bolivia del subdesarrollo.

 Para muestra botones vecinos: Argentina y Brasil. Ambos países vivieron bajo el mando de socialistas de gran corazón bonanzas y reivindicaciones sociales ficticias. Todo lo que el pueblo supuestamente avanzó, ahora debe pagar con creces, en un entorno económico que por muy desgastado, no evita que se sigan flameando las banderas de la "revolución”. Ni hablar de otras revoluciones, que requieren de grandes dosis de propaganda para perpetuar la ilusión del bien vivir, cuando en realidad vivir con dignidad había sido una apuesta muy costosa.

 Seguir profundizando sobre  los potenciales avatares de un estatismo fuera de control es arar en el desierto. Parece que el análisis económico es árido y en épocas de fiesta se prefiere verter bilis, entre tragos de cuba libre. Tal vez sea más ilustrativo señalar que, habiéndose rasgado las vestiduras por el "derecho humano al agua”, el modelo de desarrollo esté desencadenando en la crisis muy bien conocida. Resulta por lo tanto irónico que quien se beneficia de represas llenas, pero sistemas de distribución sin inversión y mal administrados es la Coca Cola Company, cuyas ventas de agua embotellada seguramente alcanzan niveles históricos. 

 Más doloroso aun es el precio que paga Bolivia por su nueva e ilustre popularidad en el barrio. Si bien Bolivia ahora está en el mapa, resulta un tanto indignante que también sea por el nivel de improvisación, permisividad y discrecionalidad a la hora de implementar normas básicas. 

 Quienes diseñaron las normas de aviación, por ejemplo, supusieron (tal vez mal) que el instinto de supervivencia sería mayor que la necesidad de circunnavegar alrededor de protocolos tan básicos como tener suficiente gasolina. No obstante, en un entorno político donde lo recomendable es "meterle no más”, un piloto arriesgó no solamente su vida, sino la de 70 inocentes pasajeros que, de haber conocido su estrategia de vuelo, seguramente hubiesen arremetido para obligar una mínima decencia. 

 Lo que hubo en su lugar fue la arrogancia de aquel que no teme consecuencias, en este caso la más final y determinante de todas. Y ante el llanto colectivo de un pueblo indignado, lo que queda es aprender la lección: cuando el piloto maneja el avión con imprudencia, otros deben interceder para que su poder y discreción no sean absolutos. El piloto de LaMia no debía rendir cuentas a nadie, por lo que su osadía fue total y las consecuencias fatales.

 Ahora navegamos los mares de la economía con similar audacia, blindados de cualquier consideración. Hemos llegado al "Fin de la Historia” y Bolivia jamás necesitará de sus reservas internacionales o políticas fiscales conservadoras. Hemos, supuestamente, vencido a los ciclos económicos y tenemos suficiente petróleo como para seguir navegando indefinidamente, sin pesos o contrapesos que puedan obligar cautela. Retornar a la institucionalidad del Estado y de sus órganos públicos deberá esperar a que en Medellín se exponga al verdadero cártel de la mentira. 


Flavio Machicado Saravia es miembro de Número de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas. 

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