Precisiones

Mezquindad y/o servilismo

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miércoles, 10 de febrero de 2016 · 00:00
Mezquino es alguien que escatima excesivamente el dar. Es falto de nobleza de espíritu. Se niega a compartir; lo quiere todo para sí mismo. El ser mezquino es una actitud que envenena el alma.

El servil muestra una actitud exageradamente humilde y servicial ante los superiores o poderosos, generalmente para obtener un beneficio.

De niño, una maestra me contó un cuento: Érase una vez un rey inmensamente rico que tenía dos hijos muy envidiosos. Para ponerlos a prueba, les anunció que estaba dispuesto a concederles el mejor de sus deseos, pero con una condición. Obtendría el deseo el primero de los hermanos que formulara su petición y al segundo le daría el doble de lo que hubiera solicitado el primero...

Ninguno se decidía a hablar esperando que empezara el otro, hasta que el rey obligó a uno de ellos a formular su deseo. Y éste respondió: "Deseo, padre, que me arranque un ojo...”.
He aquí un ejemplo extremo de mezquindad y servilismo.

Estas cavilaciones –en medio de las carnestolendas– vienen a propósito de la rendición de cuentas de la Cancillería sobre el trabajo y logros de la demanda contra Chile en la Corte Internacional de Justicia, en la que no se mencionó el trabajo del vocero, Carlos Mesa, ni del agente, Eduardo Rodríguez Veltzé.

Al ser consultado el canciller Choquehuanca sobre por qué  se invisibilizó el trabajo de los exmandatarios, respondió que el gobierno no pretende excluir a nadie, pero que los resultados positivos en el tema mar son atribuibles al Presidente. Aclaró que la  intención del Gobierno no es  excluir a nadie pero "no estamos para enumerar a todos”.

Estábamos bajo la impresión de que la cuestión marítima era tratada como una política de Estado, la misma que, tanto en su concepción como en su ejecución, era desarrollada por un equipo de expertos nacionales e internacionales. Ahora el señor Canciller nos explica que el presidente Morales fue el autor de la decisión de demandar a Chile ante la Corte y que los demás fueron simplemente voceros que, a menudo, no participaban en la redacción de documentos…

Nadie puede desconocer la decisión política del presidente Morales en este asunto, cosa que no pudieron o no quisieron hacer anteriores mandatarios. Tampoco se puede omitir su obstinación para llevar a cabo acciones tendentes al propósito final de la demanda. Eso lo diferencia nítidamente de otros conductores de la política exterior que ha tenido nuestro país. Pero de ahí a que sea el único que deba ser reconocido y ensalzado, es desechar, con mezquindad, el aporte del equipo que acompaña y seguramente acompañará a éste y sucesivos gobiernos en la larga fae na de retornar al Pacífico con soberanía.

Diluir frívolamente el trabajo de otros importantes actores es demostrar un desmedido servilismo que no le hace bien al propio ministro ni a la imagen de un país que se aglutina en torno a un tema, en el que, dicho sea de paso, –y todos lo sabemos– el señor Canciller ha tenido una actuación casi marginal, por razones obvias.

Está muy bien reconocer y resaltar la capacidad de liderazgo y de definición política que el Presidente ha tenido y que nadie lo niega. No obstante, esta mal desmerecer o pasar por alto la labor del equipo. Eduardo Rodríguez Veltzé, discreto y eficiente jurisconsulto; Héctor Arce Zaconeta, estratega jurídico y timonel; Carlos Mesa, hábil comunicador y diestro polemista, y Emerson Calderón, académico experto y prudente, han sido y son piezas claves, cuya labor ha sido decisiva en el trabajo de la demanda y, seguramente, lo será en el futuro. No podemos, ni debemos pasar por alto su aporte y ser mezquinos con ellos.

No vaya  a ser, como en el cuento de marras, que por irritar a los demás  nos quedemos con un solo ojo, cuando, en verdad, requerimos los dos propios y, sobre todo, los de los demás para poder manejar el tema idóneamente y con relativa expectativa de éxito. Pensar lo contrario es ser mezquino en función de un innecesario servilismo que ahora le llaman llunkerío.

Fernando Salazar es internacionalista.

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