Desde el mirador Mario Castro

La  interrogante después del referendo

lunes, 29 de febrero de 2016 · 08:16
La palabra unidad, en estos días, ha perdido su significación esencial de tanto usarla. Venimos escuchándola desde diferentes ángulos, en los que se atrincheran partidos oficialistas y de oposición. El término unidad no guarda relación de lealtad con la práctica, antes y después del referendo cumplido el recientemente pasado 21 de febrero.
Al enarbolar uno y otro signo político se pregona la unidad de los bolivianos y simultáneamente, sin ningún reparo, se ataca al contendor con el uso dispendioso de adjetivos destinados a destruirse entre contendores. En la batalla no sólo  están los principales dirigentes de esos sectores,  también se alinean, aún en pequeñas  escaramuzas, sus colaboradores inmediatos,  sus militantes de base,  sus  simpatizantes, por el sólo hecho de actuar en el momento, tal vez sin detenerse a analizar las perspectivas del futuro inmediato o a largo plazo,  que exigirán efectivamente unidad entre todos, superando las distancias de las  duras campañas previas.  
La interrogante inquietante es que quienes se adhieren al Gobierno y los opositores han antepuesto a los intereses de la sociedad y las soluciones que se espera en asuntos pendientes de máxima atención,   una pugnacidad que no servirá de nada en el capítulo histórico siguiente al referendo que hemos empezado a vivir todos, porque todos estamos involucrados, nosotros y nuestros hijos. Aquí no cabe "la función ha terminado, salimos todos y el último apaga la luz”.
Como con las  generalizaciones no se obra con equidad, es pertinente señalar que hay ciudadanos y ciudadanas que no son radicales,  que piensan con  mayor amplitud, lejos de los fanatismos, que pueden acercarse, que juntos pueden  desbrozar  el camino, que en ese trayecto pueden ir dialogando  para entender la realidad compatibilizando los mejores criterios. Es obligación de gobernantes y gobernados  alcanzar la máxima comprensión de que, como nunca, es tiempo de la unidad.
Una época de bonanza ya ha sido  parcialmente afectada. Factores adversos de afuera inciden desde hace algún tiempo  en nuestra economía y, sin apelar a una "bola de cristal”  ni ser cabalísticos, la realidad se la puede anticipar, particularmente porque hemos continuado con el extractivismo de materias primas sujetas a los vaivenes del mercado internacional.
No se ha logrado el gran despegue económico, especialmente con la diversificación productiva, a lo que hay que sumar  una lucha efectiva contra la corrupción, audaces  pero sustentables planes en educación, salud  y otros asuntos de primordial importancia, temas a los que tenemos que aportar todos ¡Qué mejor si unidos!
Y aunque los ánimos están más enconados y las posibilidades de concertación menguadas podrían procurar unos y otros conciliar desavenencias y ubicarse en el justo quicio. Quizás estén a tiempo para que la polarización no deje llagas difíciles de cicatrizar. 
Estamos involucrados todos y el momento nos sacude para que participemos decididamente en el fortalecimiento del sistema democrático, ¿Cómo? En este caso a lo que debíamos propender es a sentirnos, sin disfraces ni dobleces, sobre  todo bolivianos. En medio de esta situación  hay al menos un elemento cuya claridad se impone sobre la turbulencia de los acontecimientos: que la necesaria unidad en democracia no pierda  el vigor que en algunas ocasiones ha exhibido.
No podemos marginarnos nosotros mismos de una realidad global a la que pertenecemos. No habrá que perder de vista que, con seguridad, a pesar de que se diga que nuestro país está blindado para  las dificultades económicas, por las referencias  de expertos con reconocido dominio en la materia las dificultades castigarán al mundo entero,  no creemos que Bolivia saldría indemne de sus efectos.
 Será para entonces que debemos saber prepararnos, en lugar de realizar estrategias demoledoras para guerras verbales que no  son útiles, a fin de  tramontar, individual y  colectivamente la adversidad, cualesquiera que sean las fuerzas que tengan en sus manos los mandos del poder   Por lo  pronto, el ámbito político está densamente poblado de discursos  muchos de ellos ilógicos, algunos contradictorios entre sí y unos cuantos con una carga de racionalidad, y credibilidad en sus contenidos. De ahí la búsqueda de llegar al entendimiento entre los protagonistas del hecho político.  Claro que esta no puede ser una fórmula mágica para salvar la profunda crisis política aún no resuelta, sino una guía para orientar a oficialistas y opositores.

Mario Castro es periodista.

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