Primero a sembrar el agua

martes, 9 de febrero de 2016 · 00:00
No se trata de ficción, se trata de una gama real de tecnologías para conservar el agua que la humanidad viene aplicando desde tiempos antiguos. Basta recordar un par de culturas como  la Mesopotania, entre 9500 y 4500 a.C  y, una más cercana, la Tiwanacota, entre 1500 y 1000 d.C, que aplicaron tales tecnologías, que se han incrementado enormemente y vienen promoviéndose en la gestión de adaptación al cambio climático. Frente a la sequía, que se da en  varias zonas del territorio de Bolivia, debería verse tales alternativas con sumo interés.
 Pongamos en observación  la política hídrica del actual gobierno (MAS) y si es creíble frente a la masa propagandística y, a partir de ello, ver la seguridad hídrica en el sector  agropecuario, en el de  consumo humano y el energético. En riegos, las inversiones en los últimos  cinco años  marcan una  tendencia positiva. Para 2015, mediante MiRiego-I, se planeó casi 150 millones de dólares  (La-Razón, 17-12-2014) con aportes de la CAF y el Estado.
 El enfoque consiste en el desarrollo de infraestructura de riego, asistencia técnica y capacitación, que deben desembocar en la estrategia productiva. Muchos proyectos acaban cumpliendo sólo el primer objetivo. Las obras están ahí, mal o bien, construidas, pero con las fuentes de agua secas; por tanto, las obras no cumplen función alguna en casos de clima extremo.
 El en sector hidroenergético, con la idea de constituir a Bolivia  centro energético del cono sur, varios proyectos millonarios están en la lista, a nivel de estudio de factibilidad o construcción de presas. Cabe recordar que las casi 280 presas existentes se encuentran en la parte árida del país, donde la relación entre la precipitación y la evaporación, durante la mayor parte del año, es negativa.
 Bolivia es un país árido, prácticamente el 50%  de su territorio. Se supone que está en marcha la construcción de la presa Rositas con 1.000 millones de dólares de inversión. A ello se debe sumar otras seis presas grandes. El Gobierno ha proyectado cerca de 3.900 millones de dólares (La-Razón, 9-01-2016), sin considerar El Bala, que está en estudio.
 En la última campaña electoral, los candidatos del  MAS han hablado de sembrar presas (programa del MAS 2015-2020). Incluidas las presas que se proyectan en los municipio no queda duda que la cantidad se duplicara, las obras estarán ahí, aunque estén vacías, como se han reportado de Oruro y Potosí.   
 Se necesita ser crítico con las presas. Informes serios dan cuenta sobre el gran daño que han causado a nivel ambiental, en particular las presas grandes. Muchas no han cumplido con el beneficio socioeconómico y no se han pagado las deudas contraídas con ellas (World Conservation Union, 1997).
 El inconveniente mayor ahora es el calentamiento global, cuando se espera un incremento de la temperatura promedio entre los 2 y 4° C hasta el 2050 (IPCC, 2015). Con la cual la evaporación en los embalses la temperatura se incrementará hasta un 10 y 12%.
 Al momento de regarse se perderá otra cantidad, las pérdidas por infiltraciones son incontrolables. ¿Así es posible almacenar el agua? Los consultores hacen lo imposible con los cálculos técnicos para justificar.
 Las presas acabarán con los ecosistemas, con la paz entre las comunidades de abajo y arriba, generando riesgos sobre cualquier  infraestructura. Las extracciones a lo largo del río Desaguadero han acabado con el lago Poopó.
 El Gobierno tiene que abrirse a la internalización de nuevos postulados, innovar sus propias tecnologías, sobre todo en el sector agropecuario. Algunas de esas tecnología son: el método por inundación y propagación, cosecha de aguas subterráneas y cosecha de lluvias.
 Considerando los das primeras tecnologías, se trata del desarrollo de la recarga artificial de acuíferos, el desarrollo de acuíferos artificiales, la gestión integrada de aguas subterráneas-superficiales. Hoy sólo se limitan a la perforación hasta agotar el acuífero.
También se debe impulsar el desarrollo de conductos subterráneos y presas subterráneas, las técnicas para la conservación microscópica del agua en la zona radicular y el reuso de las aguas servidas o salinas.
 Estamos hablando de las bases de una revolución del agua, del empleo digno, de la inclusión social, de género y del equilibrio ambiental. Podría producirse energía sin estrangular los ríos, recurriendo más a la energía solar a la eólica o a los desechos. Las presas solamente debieran servir para la energía  y como una gran excepción.     
 Lo poco que hay de política hídrica está descontextualizada, pues se necesita un giro radical empezando desde la formación. El panorama se contrasta con la percepción errónea de varios líderes. Lo último tiene que ver con los que dirigen el Ministerio de Desarrollo Rural (Página Siete, 26-02-2016), que frente a la sequía inminente y la pérdida cuantiosa de la producción agrícola atribuyen el fenómeno a la "falta de sistemas de riego”.
 Ningún sistema de riego responderá si no hay lluvias. Sólo queda abrigar esperanzas para sembrar agua y planificar desde una visión humilde y consistente.

Ramiro Pillco Zolá es posdoctorante en agua y desarrollo sostenible.

 

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