Resolana

El autismo en la política

miércoles, 30 de marzo de 2016 · 00:00
Son las seis de la tarde y el café está repleto. Los no fumadores invadieron el espacio de los que aún disfrutan de ese hábito, convertido hoy en día en un monstruoso pecado social. Así es que las pocas fumadoras (sí, suelen ser ellas) que lograron una silla, cruzan miradas como espadas con quienes tosen, fruncen el ceño o tuercen la cabeza en airada protesta. Como el humo, las conversaciones flotan en el ambiente, apenas por encima de las mesas: son autistas, tienen un discurso autista, porque sólo se escuchan a sí mismos y son incapaces de establecer comunicación con los demás, especialmente con quienes piensan distinto a ellos.
 
Parece que se está hablando de política, la real, la de cada día y especialmente la de estos días. ¿A qué se refieren, exactamente? ¿A la autorreferencia y a la sordera comunicacional?
 
Con el mayor respeto a las personas que padecen Trastornos del Espectro del Autismo (TEA) y a las especialistas que los atienden, la situación que estamos viviendo en Bolivia me ha llevado a buscar información sobre esa condición que se sufre individualmente, para intentar entender una condición similar, pero en el ámbito de la acción política, concretamente en el accionar de las principales autoridades de la actual gestión gubernamental, que se comportan como si tuvieran TEA.
 
Las personas con TEA tienen dificultades que se expresan en el relacionamiento comunicacional, entorpecen sus habilidades sociales, limitan sus intereses y afectan su comportamiento, por ello tienen una  "(…) acentuada falta de reconocimiento de la existencia o de los sentimientos de los demás, ausencia de vías de comunicación adecuadas, marcada anormalidad en la comunicación no verbal, marcada anomalía en la forma y contenido del lenguaje, movimientos corporales estereotipados, intensa aflicción por cambios en aspectos insignificantes del entorno, insistencia irracional en seguir rutinas con todos sus detalles, limitación marcada de intereses, con concentración en un interés particular”. (…) Pueden tomar el significado de las palabras exactamente; es decir, entenderán en sentido muy literal las palabras, y no serán capaces de entender bromas o sarcasmos. Además, encontrarán dificultades para leer el lenguaje corporal y las expresiones del rostro”. 
 
En cuanto a las habilidades sociales, las personas con TEA prefieren usar el tiempo en actividades solitarias, "consigo mismos”. No entienden los pensamientos y las emociones de otras personas, encuentran difícil aceptar reglas sociales simples y controlar sus emociones, que pueden expresarlas como arrebatos de cólera o agresión.
 
No hay nada más invitador para las confesiones y para las especulaciones que una buena taza de café, como el mío, que se enfriaba mientras yo, espía involuntaria pero completamente interesada, trataba de escuchar la aplicación de esos síntomas en el comportamiento político: repiten el mismo discurso, pero no parecen darse cuenta cuando se contradicen de un día para otro; le echan la culpa al imperio y a la oposición, y no están dispuestos a asumir sus propios errores, menos a aceptar y pedir disculpas con un mínimo de hidalguía.
 
Parece que el TEA político debe ingresar como una patología en el denso bosque de las ciencias sociales… como diagnóstico y como inspiración para buscar, urgente, un tratamiento colectivo.
 
Se acabó el café, raleaban los parroquianos, cayó la noche y con ella llegó un bienvenido airecillo fresco. Pero las inquietas especulaciones siguen en el menú. 

Carmen Beatriz Ruiz es comunicadora social.

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