Humildad y capacidad de reconstruir

martes, 8 de marzo de 2016 · 00:00
Ha terminado el referendo y todavía seguimos en posiciones grises y encontradas. Ya decíamos antes que no todos los que apoyaron el Sí son evistas, así como tampoco todos los votantes de No son derechistas. Hay un grupo importante que votó No pero está de acuerdo con un proceso de cambio reencauzado. Lo señalamos en un artículo previo:

"No pero Sí: los que consideran que el futuro del proceso de cambio sería mejor con el relevo de cuadros. La perpetuidad del binomio acabaría polarizando a la población y propiciaría el retorno neoliberal. Son los que piensan que lo importante son los principios y el programa, no las personas. Que son los colectivos que deben construir con o sin las personalidades. Lo harían a pesar del riesgo de coincidir con banzeristas, oligarcas y millonarios neoliberales, en el entendido de que la nueva candidatura popular sería exitosa. Este es el voto que puede ser sobrevalorado por la derecha y generarles una expectativa irreal”.
 
Pasado el recuento todavía se sigue diciendo que ganó la guerra sucia y el imperio. No se reconoce la degradación ética y moral del liderazgo, ni la corporativización de los movimientos sociales, ni la enajenación del poder popular por dos personas. Se dice "que el pueblo no es tonto, que se da cuenta”, pero resulta que la mayoría habría actuado como tonta. Ya no hay rasgos de humildad y del tan mentado "mandar obedeciendo” del comandante Marcos. 
 
Parecería que sólo dos personas pueden salvar al país en su carácter de imprescindibles. Sin embargo, en contraste, se escuchan voces autocríticas y esperanzadoras que alumbran el camino de la rectificación y reconstrucción del proceso -léase los artículos de Rafael Bautista y Pablo Solón.
 
El camino al socialismo comunitario es largo y difícil, sigue siendo parte de la utopía. Estamos todavía en un capitalismo extractivista que está distribuyendo mejor la riqueza, pero que también está generando una burguesía "chola” que no contribuye mucho al objetivo, sino, por el contrario, socava el espíritu revolucionario del proceso.
 
Hoy no manda el pueblo, al parecer el círculo cercano ha copado la conducción económica, política y social del proceso llevando a un gran sector de la población a la desilusión e incluso el rechazo.
 
Debería ser la hora de la humildad, dejar de lado el discurso desafiante y arrogante, para pasar a la rectificación y la profesionalización de la gestión pública. La eficacia en la administración no se valora por el número de horas trabajadas, sino por los resultados tangibles. Puede ser más importante una reunión de evaluación de la gestión de un ministerio que la entrega de un coliseo.
 
Lo dijimos antes del referendo:
 
 "Gana el No: por cualquiera que sea la diferencia implicaría la urgente reflexión. Crítica y autocrítica. Reestructuración y relanzamiento del proyecto. Sin embargo, la nueva candidatura sufre el efecto negativo de surgir de un fórceps y no de un acto de madurez política. Recordemos que el "sufragio efectivo no reelección” del priismo mexicano ha sido clave para la supervivencia por casi un siglo soportando bandajes de izquierda a derecha.
 
Necesariamente tendrían que corregirse muchos aspectos cuyo listado principal sería:
 
-Priorizar el proceso sobre los liderazgos. Promoviendo y visualizando los nuevos liderazgos, que existen, pero están subyacentes al "jefazo”. Promover a l@s mejores egresad@s de las escuelas de formación.
-Asegurar la mejora continua de la población hacia la meta del "buen vivir”. Trabajo digno para tod@s sin favoritismos ni necesidad de sumisión al poder.
- Combate rápido y eficaz contra la corrupción, de hoy y del pasado, aplicando con celeridad la Ley Anticorrupción.
-Austeridad efectiva en el gasto público y en las remuneraciones a funcionarios. La política no debe ser una forma de ganar mucho dinero, sino un servicio temporal sin privilegios ni prebendas.
-Reforzar y ampliar una base social consciente, no corporativa ni manipulable por líderes corruptos, que asuma la construcción del proceso como acción propia y no como dádiva del caudillo.
-Revisar y ajustar el presupuesto del Estado, eliminando gastos innecesarios en estructuras militares o policiacas sin sustento razonable, aportando más recursos a la alimentación, vivienda, salud y educación.
-Profesionalizar la gestión pública perfilando los puestos y valorando la competencia.
-Transparentar el patrimonio de tod@s l@s funcionari@s y de los millonarios.
-Poner en la sintonía del cambio a todo el sector educativo incluidas las universidades ahora rezagadas”.
 Si no hay humildad y rectificación entonces surgirá la "nueva opción”. El pueblo viendo que las cosas siguen igual empezará a organizarse de abajo  arriba, en los centros de trabajo, sindicatos, comunidades y en el amplio espacio de las redes sociales. No va en contra de los logros de estos 10 años, pero sí exige que todo lo que debería hacer el MAS lo haga el nuevo instrumento político. No partirá de caudillos, sino de programa y código de ética. No tiene prisa en sumar adeptos que no sean plenamente honestos. No ofrecerá pegas y pedirá mucho trabajo voluntario y aportando a la causa sin afán de enriquecimiento.
 
Si el proceso no se renueva, se refresca o aparece la "nueva opción”, la sombra de Argentina o Venezuela nos cubrirá y, una vez más, habrá que volver a empezar.

Rafael Archondo Pabón es médico.

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