La Bolivia urbana y metropolitana que aún no se quiere comprender

martes, 12 de abril de 2016 · 00:00
Hasta el momento, las políticas públicas y las determinaciones gubernamentales nunca han pensado que un nuevo modelo de crecimiento económico y desarrollo tuviera a la urbanización como centralidad.  Por el contrario, nunca se han desprendido de la explotación de los recursos naturales, principalmente de la plata, el estaño y ahora el gas. Hasta hora continuamos pensando que la riqueza boliviana se la extrae y no se la crea mediante procesos de transformación productiva e incorporando valor agregado a la materia prima y transitando a una economía de comercio y servicios.

Las consecuencias de esta mirada hacen que Bolivia aún no pueda diversificar su matriz productiva y que la crisis del empleo, principalmente juvenil, sea uno de los problemas fundamentales que se tienen irrenunciablemente que resolver. No es causal que hoy  Bolivia ostente indicadores "estructurales” tan desventajosos como, por ejemplo, la esperanza de vida al nacer, la alta tasa de mortalidad infantil y materna comparada con países dentro de nuestra propia región sudamericana.
 
No obstante, hoy Bolivia se encuentra en una ventana de oportunidad excepcional para el crecimiento y el desarrollo. Me refiero al  bono demográfico y la urbanización metropolitana, destacados en el reciente Informe Nacional sobre Desarrollo Humano en Bolivia, del PNUD, denominado El nuevo rostro de Bolivia. Transformación social y metropolización.
 
¿Qué es el bono semográfico?  Estrictamente es el mayor peso relativo de la población en edad productiva (joven y adulta)  que de la población dependiente (niños y adultos mayores). Como país en su conjunto, a Bolivia le faltan pocos años para aprovechar de esta coyuntura, pero ciertos municipios, como el de La Paz, Santa Cruz y Cochabamba, se encuentran en este tiempo de potencial económico. El bono demográfico es realmente una ocasión para el posicionamiento de este cambio generacional de la Bolivia joven (mediana de edad 23 años). Es también una ocasión para que los jóvenes sean pensados como nueva fuerza motriz del modelo de desarrollo y actores fundamentales. Bien leído el dato significa  construcción y  emergencia de nuevos desafíos para un modelo de desarrollo boliviano.
 
Desde aproximadamente 1988 somos un país predominantemente urbano  (hoy día siete de cada 10 bolivianos residimos en contextos urbanos), no obstante primó la lectura políticamente ideologizada de país indígena, originario y campesino. Construida esta figura con la inclusión de una pregunta en el Censo de Población del año 2001. El informe que comento muestra que el proceso urbano boliviano es metropolitano. 
 
El IDH apunta a un dato realmente sorprendente: la población metropolitana es el 65% de la población urbana y sólo cuatro municipios metropolitanos, los más grandes,  son responsables de la mitad del Producto Interno Bruto nacional. Eso refiere a las bondades del proceso urbano concentrado. Por lo tanto, hay que profundizar este camino. Hay que elaborar políticas públicas, fomentando las migraciones.
 
Lamentablemente, el Plan de Desarrollo Económico y Social 2016 – 2020, en el Marco del Desarrollo Integral para Vivir Bien, omite, una vez más, la caracterización urbana y metropolitana de Bolivia. Por tanto, en él no se encuentran políticas explícitas.
 
La experiencia demuestra que el crecimiento económico dentro de un determinado país no se extiende uniformemente a lo largo y ancho de su territorio. Incluso en países desarrollados, la generación de riqueza, la creación del PIB se concentra en algunos puntos territoriales, marcados por una altísima densidad demográfica y económica. 
 
Sostengo pues que la urbanización es condición para el crecimiento económico. La experiencia de los países ha demostrado que la urbanización ha promovido e impulsado su desarrollo. Son las ciudades, por ser centros de invención, de creación de nuevas ideas, de estructuración de redes sociales,  presencia de migrantes, portadores de diferentes culturas, que se convierten en un verdadero potencial del desarrollo.
 
La metropolización es la tendencia de la urbanización boliviana. Así muestran los datos del IDH. Es tiempo, desde una mirada desideologizada,  de aprovechar las economías de escala del  "nuevo rostro de Bolivia” y que logremos que los principales servicios del transporte, agua y desecho de residuos sean metropolitanos. Seguro que ganaremos en costos, eficiencia y eficacia; es decir, en la calidad.
 
¡Estamos a tiempo de aprovechar estas dos oportunidades!
 
René Pereira Morató, sociólogo urbano, director del Instituto de Investigaciones Sociológicas IDIS – UMSA.

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