Prueba de ADN, un giro más

viernes, 29 de abril de 2016 · 00:00
El caso de Gabriela Zapata, la expareja del presidente Evo Morales, ha dado un giro más en su extraña evolución, plagada como está de contradicciones, medias verdades y politización. El último evento ha sido la toma de una muestra de sangre al presidente Morales para, con ello, establecer, mediante un examen de ADN, si es el padre o no de un niño que Zapata, asegura, tuvo con él. Zapata decidió no hacerse la prueba, según dijeron sus abogados, porque en este tipo de análisis ambos padres deben estar juntos y firmar el examen de la otra parte. Tampoco estuvo el menor, con lo cual toda la sesión fue inútil para establecer algún acercamiento a la verdad sobre este tema.

Lo único que se sabe a ciencia cierta en este complejo caso es que Morales y Zapata tuvieron una relación y que de ella nació un niño. El Primer Mandatario dijo que éste falleció siendo bebé, pero la madre asegura que está vivo y que lo ha presentado ante una jueza.
 
El tema es relevante porque un tema de paternidad y maternidad debe ser analizado con toda la seriedad necesaria.
 
Es doblemente relevante, sin embargo, porque nada menos se trata del Presidente del país quien está en medio de la polémica. Pero, más importante todavía, porque existen dudas de tráfico de influencias. Zapata trabajó desde los 26 años, sin ser profesional, en una empresa china que logró, estando ella como gerente comercial, 344 millones de dólares en contratos con el Estado.  Saber si Morales es el padre o no, entonces, ofrece una veta informativa importante para seguir analizando si hubo tal tráfico de influencias. 
 
El otro filón informativo, que se generaría de confirmarse que Zapata tenía razón, es de tipo humano. La conclusión sería que Morales tiene un hijo de nueve años del que  nunca se preocupó. "Fue engañado por la madre”, han dicho autoridades de Gobierno. Realmente no se entiende por qué ella haría eso. Al contrario, tener un hijo vivo con el Presidente le podría proveer seguridad económica y de otro tipo, no al revés.
 
El IDIF es una entidad de escasa credibilidad y dependiente del Ministerio Público; el Ministerio Público es una entidad de nula credibilidad, dependiente del Gobierno. Cualquiera sea el resultado de un eventual análisis de ADN, peor si señala que Morales no es el padre, no será creíble a los ojos de la opinión pública. Un estudio así debería conducirlo alguna entidad internacional, por ejemplo Naciones Unidas. De lo contrario, sucederá lo mismo que con el caso del oficial Jorge Clavijo, el asesino de Hanalí Huaycho. Muchos dudan de que realmente haya fallecido considerando que el examen de ADN realizado estuvo en manos de quienes, se sospecha, buscaban protegerlo.

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