El enemigo interno

martes, 5 de abril de 2016 · 00:00
Ya nadie pone en duda que la oposición, pese a sus denodados esfuerzos, no ha podido estructurarse como una fuerza política articulada a la dinámica del poder. Entiendo que un partido o cualquier institución política que hiciera efectivamente parte de las luchas políticas tendría un grado apreciable de efecto estatal, sucede, sin embargo, que los mayores reveses que el gobierno de Evo Morales ha recibido vinieron, en la mayor parte de las veces, de la sociedad civil o de sus propias filas.

El discurso oficial no pierde oportunidad para echarle en cara a los partidos actuales que su accionar no tiene ninguna posibilidad de debilitar las acciones gubernamentales, lo que sin duda es en gran parte evidente.
 
Si bien la oposición tuvo la virtud de hacer visibles, a través de la denuncia y la fiscalización, los abusos de poder y la discrecionalidad con que el gobierno del MAS maneja el Estado, todo ello no fue suficiente para instalarla en el imaginario social como una o un conjunto de fuerzas que pudieran contrarrestar orgánicamente el poder del partido gobernante. 
 
Por su parte, el gobierno encuentra en la oposición el origen de todos los traspiés que encuentra en el camino, lo que pone en evidencia una contradicción evidente en la medida en que no pareciera muy creíble que fuerzas tan echadas a menos y con tan poco poder sean capaces de generar la ininterrumpida secuencia de problemas que afectan a todos los niveles del gobierno, incluyendo ahora  la figura del mismísimo Presidente.
 
De hecho, en lo que va de la gestión del MAS (casi diez años) hay más de una docena de acontecimientos, en algunos casos escabrosos, deshonestos o francamente corruptos, que hubieran puesto en jaque a cualquier gobierno anterior. El oficialismo, en cambio, reaparece tras cada escándalo casi indemne.
 
Observando la difícil situación de la oposición y la fortaleza del oficialismo, no resulta difícil plantearse una interrogante lógica: si no es la oposición el "enemigo principal” del régimen, ¿dónde se esconden entonces la fuente de sus propias contradicciones? La izquierda, haciendo uso de la dialéctica, siempre terminó identificando "el enemigo principal” en los temibles tentáculos del imperialismo, éste, empero, era tan poderoso como lejano.
 
Más eficiente resultaba identificar y eliminar a su representante, "el enemigo interno” que, a diferencia del abstracto imperialismo, estaba a la vuelta de la esquina, en la misma ciudad, totalmente visible y a la mano. 
 
En una situación hegemónica y unipolar como la que beneficia al MAS, parece claro que la oposición está lejos de ser el "enemigo interno”. Mucho más creíble resulta asumir que semejante "enemigo” se cobija al interior de sus propias filas. De hecho, todos los casos que terminaron dañando gravemente la imagen del gobierno y de sus autoridades nacieron de sus entrañas.
 
Desde el icónico caso de Santos Ramírez, hasta el bullado escándalo de Gabriela Zapata, pasando por Achacollo, Ancieta y una larga lista de masistas consumados, salieron todos del MAS y ninguno de la oposición u otra fuerza diferente al partido de gobierno.
 
Esta certeza parece reflejarse en la determinación oficial de iniciar una caza de brujas en contra de los funcionarios públicos sospechosos de no cooperar con el gobierno o estrellándose contra las redes sociales o la Iglesia, lo que señala que a falta de un "enemigo” visible cualquiera podría asumir semejante estatus. 
 
Tan curiosos extravíos suelen suceder en la historia cuando los poderosos dan por seguro que son intocables e infalibles y, de pronto, resulta que los golpes más dolorosos  los recibimos de los parientes más próximos.
 
Renzo Abruzzese es sociólogo.

Sobre la última encuesta de Página Siete

Si usted es de los que necesita estar bien informado, puede acceder a la encuesta electoral completa de Página Siete, suscribiéndose a la aplicación PaginaSietePro que puede descargar de App Store o Google Play

 


   

82
2

Comentarios

Otras Noticias