21 F: el Día en que el No fue Sí

viernes, 08 de abril de 2016 · 00:00
El titular que utilizo en esta página pareciera un juego de palabras o transposición de las mismas en busca de una adivinanza o "encantamiento”.   Mi intención, sin embargo, es acercar lo que escribo al formato del comienzo de un cuento cualquiera en el realismo mágico latinoamericano, donde la realidad misma, sin proponérselo y por la fuerza inmanente de sus casi inimaginables contenidos, se dispara al cielo de la ficción… sin dejar por ello, en ningún momento, de ser realidad pura y dura… 

Lo hago porque lo que hemos vivido los bolivianos en el referendo de febrero es algo así, una especie de cuento fantásticamente real en el que al decir mayoritariamente No, dijimos al mismo tiempo mayoritariamente Sí.   No al hegemonismo. Sí a la nación.  No al intento autoritario de mera necesidad política coyuntural de reformar la Constitución. Sí  a la nación en un proyecto nacional estratégico de vida y de país que representa la democracia institucional.
 
Por ello, el 21 de febrero ya está en nuestra historia como el día emblemático que marca el nacimiento de una nueva cultura en Bolivia, la cultura política de la democracia que la transforma como sociedad y que acumulativamente se venía gestando en las últimas décadas, desde la instauración del sistema democrático, en octubre de 1982.  
 
Si en ese entonces decidimos renegar definitivamente del golpismo civil militar como sistema dominante de gobierno, que nos caracterizaba desde la fundación de la República, el pasado 21 de febrero los bolivianos y bolivianas ratificamos mayoritaria y contundentemente nuestra voluntad de vivir en democracia. 
 
Nuestro No - Sí boliviano se dirigió, igualmente, a la demanda de transparencia en el quehacer gubernamental, a la independencia real de los poderes del Estado, incluido el poder electoral, la Fiscalía, Contraloría, Procuraduría, a la libertad de información y al derecho elemental de vivir sin miedo.
 
Creo que ésos, entre otros, son los contenidos, la agenda o  el mandato -como está en uso decir- a recuperar de la vivencia nacional masiva de esa  jornada electoral extraordinaria.  En particular la ciudadanía, en sus diversos estamentos y regiones como protagonista fundamental de la misma, pero también las autoridades y estructuras del poder establecido, responsables directas de la iniciativa y de su realización.  Éstas por el obligatorio mandato de ley de no sólo aceptar, sino también respetar y acatar la voluntad expresada libremente en el voto; y aquélla, la ciudadanía, para enriquecer e ilustrar cada vez más la conciencia colectiva de su permanente rol constitutivo y vital en el funcionamiento de un sistema democrático creíble y autorrenovable.
 
Pienso que como bolivianos debemos estar optimistas, seguros de nosotros mismos como pueblo y llenos de esperanzas frente al futuro.  En estas últimas décadas de finales del siglo XX e inicios del XXI no hemos arado en el mar, ni sembrado en el desierto, más allá de lo bueno o de lo malo que podamos encontrar al volcar la mirada atrás.  
 
Por ello, tengo ciertos reparos con algunas actitudes derrotistas, propias de un sentido dramático de la vida y de la historia, que se empecinan en analizar el acontecer nacional desde los desechos que flotan en la superficie como algo en sí mismo calamitoso y sin retorno, como una nación atrapada en su propio fracaso histórico, sin percibir el vigor y la orientación de las corrientes profundas que van calando hondo el lecho de las aguas.

Jaime Paz Zamora fue presidente de Bolivia.

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